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Punto Límite: Cero (1971). Un alma libre a 200 km/h.




Durante los años 60 y 70, hubo en los EEUU, un fuerte movimiento contracultural. Hippies, psicotrópicos, pop art y un largo etc. Nos guste o no, es algo que ha influido en el mundo actual.

El argumento no puede ser más simple: un veterano del Vietnam, experto piloto de coches y ex-policía, Kowalski (Barry Newman), hace una apuesta con un amigo en la que dice que es capaz de llevar su coche, un Challenger RT de Denver a San Francisco, (unos 1600 km.) en menos de 15 horas, debiendo cruzar cuatro estados.

A lo largo de su viaje, el protagonista se cruzará con un grupo de personajes como él de lo más atípico que son representaciones y alegatos a la libertad de expresión y a las nuevas tendencias, mientras una emisora de radio con un ciego disc-jockey a la cabeza, Super Soul (un más que interesante Cleavon Little), quién irá locutando sus hazañas, mientras es perseguido por torpes policías.

La historia pertenece a una ola de cine independiente surgida a principios de los setenta, cine que hablaba de temas que las grandes productoras no tocaban.

Me refiero a historias de tipos rebeldes, marcados por la Guerra del Vietnam, sobre gente que se rebelaba contra el sistema, personas que fumaban marihuana sin ser villanos, antihéroes que representaban la libertad individual.

No sólo ofrece una denuncia bastante mordaz, si no que a mí gusto, lo hace mucho mejor que largometrajes más reconocidos como "Easy Reader", de Dennis Hopper, siendo en la cinta que nos ocupa esta crítica mucho más directa en su mensaje de denuncia hacia la intolerancia. Hay que destacar su mensaje subliminal: la represión al individualismo y la sumisión a la autoridad.

Este clásico de los años 70 es mucho más de lo que en un principio se espera, para empezar lo que más me intrigó fue el ir conociendo las motivaciones del protagonista, (drogado de speed hasta las cejas), motivaciones que nos son reveladas a lo largo de la historia, así como su pasado.

Muchos han querido ver en la figura de Kovalski a un héroe contracultural que se revela contra el sistema, pero tampoco le haría justicia quedarse con este planteamiento.

Es la contracultura donde chocan el conservadurismo que ostenta el poder y el liberalismo que estaba explotando en USA, y por supuesto en ésta.

Aquí, el protagonista parece ser perseguido únicamente por esa búsqueda de libertad, y en contra del poder establecido representado en la policía.

La cinta se puede considerar un viaje iniciático-existencialista en el que se pretende hacer un fresco de la sociedad americana del medio oeste, surcada por carreteras infinitas y desiertas.

A cada personaje se le puede buscar su significado religioso: policías violentos, un cazador de serpientes, una secta ultrareligiosa, gays ladrones o un hippy drogata con su pareja paseándose cual lady Godiva sobre una moto.

Sorprende muchísimo contemplar el trabajo tan artesanal y de buen gusto que ha llevado a cabo el director, dotando a su película, a priori sin el menor interés fílmico, de un acabado tan bueno, contando además con una banda sonora que hará las delicias de los fans del soul, rock o funky.

A pesar de no haber vivido la época a unos pocos nos encantan los años 70 y el espíritu hippy. 

Lo que más me gusta de estos filmes, es el canto constante a la libertad por la libertad, la búsqueda de la felicidad y demás ideales que nos brindaron.

En el fondo ellos eran más patriotas, ya que recordaban cual era el espíritu de los fundadores de los EEUU, puede que fuesen unos drogadictos, muchos unos vagos y demás, pero por lo menos no eran unos mentirosos.

Una bocanada de aire, buscando distanciarse, no ser borrego, ser uno mismo. Nada de convencionalismos burdos, nada de falsas moralinas, la libertad como medio y como fin. Eso es lo que busca Kowalsky, eso es lo que se buscaba en aquella época.




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Que Bello es Vivir (1946): Volver a Vivir


 ¿Quién no ha visto alguna escena de "qué bello es vivir" o ha oído hablar de ella? ¿Quién no conoce la anécdota que en Estados Unidos la emiten todas las Navidades por televisión?. 

Una fábula contada con un encanto especial sobre los lazos familiares y sociales, y sobre la vida de un hombre con su ambición y su humildad, como estos dos matices se enfrentan para marcar su destino.
 
George Bailey (James Stewart) ha pasado toda su vida entregándose a los demás con un sentido del sacrificio digno de devoción. Ya de joven salvó de morir congelado a su hermano Harry (Todd Karns) aunque por ello tenga que perder la audición de un oído.

Y es solo el principio de una cadena de favores que rodea a todos sus amigos y vecinos del próspero pueblo de Bedford Hill, a excepción del multimillonario Charles Potter (Lionel Barrymore) que pone entre las cuerdas al padre de George (Samuel S. Hinds) y su negocio de honrado prestamista.



Tras la muerte de éste, George se pondrá al mando y así evitar que Potter se adueñe de la agencia. 

Para ello tendrá que dejar sus estudios universitarios así como su ilusión de viajar por Europa. 

Pero cuenta con el apoyo de los vecinos de Bedford, y especialmente con Mary (Donna Reed), la chica a la que siempre ha amado.



La historia de un hombre que ve, de manos de un ángel. cómo hubiese sido el mundo si él nunca hubiera nacido. 

Lo que a priori parece una versión ligera de “Cuento de navidad” de Dickens, en realidad toca temas como la prostitución, la mendicidad o la lucha ideológica del siglo XX. 

Su conclusión es optimista con el ser humano: resulta una apología del principio de que se recoge lo que se siembra.

El propio protagonista descubre que, aunque no haya logrado los objetivos que tenía en su vida, se da cuenta de que la situación que vive le hace enormemente feliz y una persona amada, transmitiendo así al espectador la idea principal de la película. 


Y esa idea es que la persona realmente rica, es aquella que es amada y que se siente conforme con sus actos.

No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que esta historia de redención personal, se encuentra cubierta de un pomposo celofán y una oda a los mas elementales valores conservadores de la clase media americana.

Pero a mi parecer, esto no resta mérito a una entrañable y emotiva historia que recuerda a las clásicas fábulas con moraleja final, de la que el director Frank Capra nos muestra aquí, a su mas claro exponente hecho película.



Puede parecer que la forma de hacer cine de Frank Capra sea ya desfasada o esté trasnochada como dicen muchos, incluso su excesivo optimismo edulcorante y tramposo, hoy en día nos empalaga. 

Pero no olvidemos que la esencia de su mensaje, se sigue repitiendo en innumerables producciones con que el cine "made in Hollywood", nos inunda semana a semana.
 

A donde nos quiere llevar entonces la trama no es a la idea de la felicidad. 

El hombre constantemente se plantea los objetivos que tiene porque piensa que con ellos será feliz y solo así, privándose muchas veces del "carpe diem", de aprovechar la situación actual para poder ser feliz dentro de sus posibilidades.


Aunque lógicamente la película transmite con mayor facilidad en navidades, es aconsejable para todos los públicos en cualquier época del año, es capaz de contagiar y de hacer recapacitar sobre lo que se tiene y lo que se necesita en la vida.

Eso sí, parece ser que para que llegue una mínima recompensa hay que pasar uno largos años de penurias y sacrificios. Pero ¿qué sería del mundo y de nuestros seres queridos si nunca hubiéramos existido?
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La Jaula de Las Locas (1978): Vicios Pequeños





En un pueblo de la costa francesa mediterránea, una pareja homosexual madura (Albin y Renato), regenta un cabaret donde se hacen espectáculos de transformismo. La estrella del espectáculo es Albin, bajo el nombre artístico de Zazá Napoli. 


Ambos llevan una vida abiertamente gay y forman una familia en la que han criado desde niño a Laurent, el hijo biológico de Renato con una amiga. Un día aparece Laurent, para decirle a su padre que se va a casar y los padres de la chica quieren conocerlo. 

El problema es que la chica pertenece a una familia muy tradicional en la que el padre es diputado de un partido ultraconservador, por lo que Laurent pide a su padre que finjan ser una familia heterosexual para evitar problemas antes de la boda. 


En principio intentarán evitar que Albin participe en el evento, ya que debido a su amaneramiento, sería fácilmente identificable como gay.

Co-producción franco-italiana, esta película dirigida por Eduard Molinaro en 1978, es una adaptación de una obra teatral de Jean Poiret de 1973 que estuvo en escena en París durante quince años consecutivos, (actualmente se sigue representando pero en forma de musical). 


Así que era inevitable que se hiciera una versión cinematográfica antes o después. Su éxito fue tal que se llegaron a realizar dos secuelas en años posteriores con los mismos actores.


Es una película realmente divertida, con diálogos y situaciones desternillantes además de sentido del humor fuera de lo común. 

Esto hay que agradecérselo no solo a los guionistas con sus diálogos ingeniosos, sino por las interpretaciones de sus protagonistas.

Una película impensable en España en 1978. Su temática homosexual, sus diálogos ambiguos y sus enrevesadas situaciones la convierten en una apuesta cómica arriesgada para esa época, lo cual demuestra la liberalidad del pensamiento y la mentalidad de los franceses. 

Además hace una parodia respetuosa y no una burla de los amaneramientos de ciertos tipos de homosexuales. 


Es una película que no trata solo de la tolerancia hacia la homosexualidad, sino también de la unidad, de la familia, de la unión de personas de diferentes religiones, ideas, creencias... 

Los protagonistas merecen la pena mencionarse por sus excelentes interpretaciones, por un lado el personaje de Renato lo interpretó Ugo Tognazzi y el papel de Albin lo interpreto Michel Serraut. También hay que destacar la banda sonora a manos de Ennio Morricone.


Te ríes de la forma de pensar y actuar de sus protagonistas, en especial de Albin (la artista). Todo en este personaje es entrañable y encantador (al margen de su orientación sexual). 

Sirva de ejemplo la escena de la cafetería cuando su compañero le dice que sea más varonil. La escena en cuestión es digna de recordarse.

A pesar de que existe un remake de ésta comedia bastante aceptable, ("Una Jaula de Grillos", 1998), la verdad que prefiero ésta, ya que destila mala leche y pone sobre la mesa toda una serie de prejuicios en contra de la homosexualidad.


Precisamente, sirviéndose de una serie de tópicos homófobos, se le da la vuelta a la tortilla y a quién se ridiculiza es a los hipócritas burgueses bien pensantes, que se escudan en el rechazo a las minorías (los homófobos suelen ser también racistas y machistas), para mantener un ridículo status moral en una sociedad que les igualaba a los demás ciudadanos.

Dejando aparte su comicidad, lo que para mí sobresale sobre todo de esta película es su mensaje acerca de mantener la identidad personal e incluso acerca de vivir el momento.





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El mundo está loco, loco, loco (1963): Poderoso caballero es Don Dinero




En un caso que el capitán Culpepper de Santa Rosita lleva 15 años tratando de resolver, de pronto se entera que, el delincuente Smiler Grogan (Narizotas), ha tenido un accidente al salirse con su auto de la carretera y caer a un abismo. 

Pero, antes de morir, el buscado delincuente ha confesado al grupo de conductores que baja a auxiliarlo, que tiene 350.000 dólares enterrados en el parque de Santa Rosita debajo de una gran W. Este grupo emprenderá una avariciosa carrera para conseguir el cuantioso botín.

La estructura de la película bien podría definirse como una “Road Movie”, pues en ella encontraremos abundantes persecuciones y secuencias con todo tipo de vehículos, desde coches, bicicletas, aviones y un largo etcétera. 


Uno no podría hablar del film sin mencionar sus nutridas secuencias de acción, que nada tiene que envidiar a persecuciones de superproducciones de la época.

Pese a ser una película coral, los personajes están dibujados al milímetro en toda la evolución que padecen tras sacar a pasear a la avaricia. 

Está virtud no sólo la consigue con los protagonistas, sino también con aquellos de paso más fugaz.

Destacar una actuación es difícil. De los muchos méritos que tiene esta película es haber conseguido un reparto tan ajustado para cada uno de los personajes, donde sobresale el gran Spencer Tracy, Micky Rooney, Sid Caesar o Milton Berle.

Continuamente surgirán otros personajes secundarios, que darán fuerza y al mismo tiempo crearán esa burbuja de aislamiento al grupo demencial que va a la caza de un tesoro. 

Le he tenido siempre una particular fobia a las películas con “Todas las Estrellas” porque, por lo general, hay tantas peleas entre los actores para figurar, en primer plano, en cada toma que se haga; para que una u otra escena se reescriba favoreciéndolo; y para que no se corte “el momento aquel en que aparezco en…” que, al final, lo que resulta es un desacorde de vanidades y las historias no toman rumbo.



Me acuerdo ahora de “La vuelta al mundo en 80 días” o “1941”, pero son muchas otras las exorbitantes inversiones que se han hecho en función de un gran reparto… y casi todas terminan como el gran buque Titanic: hundidas en su pedantería.

Pero tengo que decir que “El Mundo está Loco, Loco, Loco”, me complace plenamente. No sé si hubo también peleas para “robar” pantalla, porque los comediantes no son precisamente el colmo de la modestia, pero si sé que quien tenía el timón, el notable director Stanley Kramer, era de esos tipos que sabían tomarlo con firmeza y las cosas llegaban hasta donde él decidía que llegaran.

Sería una comedia de nota muy alta si no fuera por la parte final, en la que las locuras se les van de las manos a los guionistas; ya que no saben cerrar con broche de oro. El único pero a la película, es que la diversión se ve mermada por la reiteración de situaciones y, sobre todo, por el evidente esfuerzo por ser constantemente divertida. Está demostrado.

Eso sí, los primeros tres cuartos de película son desternillantes. Posee algunos de los chistes más graciosos que he visto en una pantalla.

El planteamiento, la presentación, es una genialidad; y le siguen los momentos de desconfianza, el inicio de la "carrera" y situaciones tan tronchantes como la de la avioneta, todas las de Phil Silvers, como el oportunista y tramposo gafitas, las de la extraña familia Marcus –la suegra metomentodo, su hija, más normal, y un hijo impetuoso que no se viene a razones–, etc. Pocas veces se ha cebado tanto un guión con la naturaleza egoísta del hombre.

Pero, además de divertirnos, quedan al desnudo: la ambición desmesurada, el individualismo, la ciega obstinación, la predisposición al juego sucio, y otros tantos baches donde a diario se empantana la convivencia de la “nueva” (pero rancia) humanidad.

En resumen, una comedia frenética e hilarante, con una visión de la especie humana hasta cierto punto pesimista, pero que jamás volverá a ser mostrada con tanta gracia. Recientemente hicieron un remake (“Ratas a la carrera”) que viene a demostrar que la genialidad no está igual de repartida en Hollywood.

Una película de la que difícilmente me olvidaré. Entre otras cosas, porque no me aburro de verla una y otra vez.





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La Última Noche de Boris Grushenko (1975): Amor y Muerte con Humor




Boris Dimitrovich (Woody Allen) reúne todas las características propias de un cobarde heroico. Desde la infancia su cuestionamiento sobre la existencia de Dios así como los místicos encuentros que tiene con la Muerte representada bajo un velo blanco, le llevan a convertirse de adulto en la oveja negra de la familia. 

Alistado forzosamente al ejército, lucha en las campañas contra Napoleón a la vez que está enamorado de su prima Sonia (Diane Keaton), comprometida con Voskovec (Sol L. Frieder) aunque perdidamente enamorada de Ivan (Henry Czarniak) uno de los hermanos de Boris.

Éste pacifista ruso al que la vida, o más bien las guerras, no le han dado tiempo para dedicarse plenamente a sus dos aficiones favoritas: hablar con la muerte y retozar con su prima Sonia, nos recuerda las peripecias de su vida en su última noche, antes de ser ejecutado por intentar asesinar a Napoleón.


Woody Allen homenajeó a la obra de Tolstoi, ecos a "Guerra y Paz" en ésta película no tan conocida, en comparación a otros grandes éxitos que ha hecho. 

Fue a partir de aquí cuando empezó a añadir sus intensas reflexiones existenciales sobre la vida, la muerte, el amor, el sexo y la religión, por las que son tan conocidas sus películas.

Además, añade elementos políticos relacionados con la Rusia de su momento convertida en la Unión Soviética (el personaje de Boris es instruido por un oficial cubano). También es un film didáctico con moraleja. Y esto lo digo porque te enseña a reírte de ti mismo y a reírte de esta vida.
 

Allen vuelve a dar un paso más para adentrarnos en una sátira de la Rusia zarista de principios de siglo XIX, parodiar la gran literatura rusa de aquella época y parte de la extranjera.

La puesta en escena es eficaz en cuanto ambientación y las escenas de batalla son delirantes y circenses (no se priva ni del número del hombre-bala). Entre gag y gag (que los hay a centenares, pasando del más absurdo al más surrealista posible), Allen consigue introducir con eficacia y éxito pequeñas dosis de filosofía y crítica.

Ante la avalancha de frases ingeniosas el espectador llega a fatigarse a veces, ya que por regla general, en las primeras películas de Woody Allen uno no debe perderse ni una sola frase. 

En este caso, eso es tanto una virtud como un defecto, ya que lo único que sobran son, precisamente, muchas frases que no dicen nada (las batallas dialécticas con la Keaton) y monólogos absurdos por lo aburrido y fuera de lugar.

Aunque irregular en su conjunto, la película recoge algunas de las características de sus obras previas (comicidad de los diálogos y los gags, su cinefilia y ciertos toques surrealistas y absurdos).

En la película se cargan tintas contra el borreguismo militar (precisamente en el año de finalización de la guerra de Vietnam), mientras se medita, por medio del monólogo, acerca de las grandes dolencias del hombre. Si bien, lo malo que puede tener es, que una reflexión tan profunda, pueda provocar rechazo a un público menos entregado.

Simplemente notando como la complejidad de sus argumentos y la irracionalidad de sus escenas se mezclan tan perfectamente, nos damos cuenta que no es una película fácil de olvidar. 

Allen nos sirve las pequeñas y grandes cosas de este mundo disfrazadas de tonterías y humor, que al fin y al cabo es la mejor forma de presentarlas.




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El Milagro de Ana Sullivan (1962): El milagro de la perseverancia



Cuando se revisitan películas y repites aquellas que en su momento te impactaron, es inevitable juzgarlas desde una nueva perspectiva. En esta ocasión, nunca pensé que esta mirada hacia el mundo de los discapacitados, me fuera a impresionar tanto. 

Tiene una finalidad didáctica, por eso no está indicada para todo tipo de público, sobretodo para los especialmente sensibles, ya que contiene escenas algo fuertes y angustiosas. 

Lo que le espera al espectador, no es una lacrimógena función emocional destinada a conmover a costa de golpes de efecto y ternurismo barato, sino un durísimo proceso, compuesto a partes iguales de caricias y bofetadas, para enseñar a un ser humano a comunicarse.

“El milagro de Ana Sullivan” está basada en hechos reales ocurridos hacia 1880 y narrados por Helen Keller en su autobiografía.
Hellen Keller es una niña consentida y sin educación; sorda y ciega de nacimiento, parece un caso perdido. 


Su padre, en vista de que su hija no tiene remedio y es un peligro para el reciente hijo que han tenido, pretende ingresarla en un centro residencial para deficientes psíquicos pero la madre se resiste a abandonarla a su suerte y decide contratar a una maestra a fin de que consiga integrarla en la familia.

Anna Sullivan, la institutriz, posee una ventaja, su desgraciado pasado le ha enseñado muchas lecciones en la vida, y es consciente de que con tesón, ningún obstáculo es insalvable. 

En su empeño, la maestra tendrá que lidiar tanto con unos padres sobreprotectores (pues éstos lo único que sienten es compasión por su hija), como con la actitud colérica y rebelde de la pequeña.

"El milagro de Ana Sullivan" es una película dura y a la vez hermosa. El caso de Helen es solamente uno de los innumerables casos que hay en todo el mundo de personas que no pueden ver ni oír, con los enormes problemas de comunicación que ello les provoca. Es una situación verdaderamente dramática. Entran auténticos escalofríos simplemente imaginándose la soledad que deben sentir esas personas.

La maestra, grita, golpea, acaricia, susurra, se desespera, reflexiona, llora, busca, reza…no se rinde, un carácter duro a base de los golpes de la vida marcada por una infancia terrible hacen ser de ella una persona luchadora hasta el final, luchando por aquello en lo que cree, el amor.

La niña, cautiva, sin duda es una interpretación magistral, si la profesora tenía un papel difícil, la alumna más porque esta no tiene ninguna palabra que decir.

Todo lo que dice es a base de gestos y movimientos, las palabras, miradas y sonidos le están prohibidos, sin duda el papel es terriblemente difícil y más para una niña de dieciséis años. 

La actuación de ambas actrices es magistral; fueron merecedoras de los premios Oscar a mejor actriz (Anne Bancroft) y a mejor actriz de reparto (Patty Duke).

Cierto es que las situaciones y métodos que se muestran en la película, pueden resultar demasiado aparatosos y sobreactuados como para poder creerse uno lo que está viendo, hasta el punto de poder resultar inverosímil, en algunos momentos. 

Pero eso si, nunca hay que confundir la fuerza, el coraje y los arrestos en pos de una causa justa, con la violencia gratuita y deleznable.

Ana Sullivan estaba, como muchísimos docentes, padres, madres o tutores, en contra (faltaría más) de la violencia con los niños o con cualquier ser viviente; pero sabía lógicamente que dar un cachete o bofetada, en ocasiones es tan imprescindible y benéfico como el agua de lluvia sobre un reseco campo de siembra.

La película es fiel a lo que sucedió realmente en la historia. La verdadera Hellen Keller llegó a desarrollarse culturalmente y consiguió ser una escritora y conferenciante pública mundialmente famosa.




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El Show de Truman (1998): El Show de la Vida


Crítica satírica al mundo de la televisión despiadada, donde los carroñeros directivos son capaces de convertir en una estrella mediática a un niño desde los inicios de su vida, sin su autorización, con el simple propósito de generar audiencias millonarias y tener enganchada a media población mundial.

Truman es un hombre normal que lleva una vida aparentemente feliz. Está casado, tiene una bonita casa con jardín en una tranquila ciudad y tiene un buen trabajo. Sin embargo, Truman empieza a sentir la necesidad de explorar nuevos horizontes. Quiere viajar a Fiji, pero le resulta imposible. 

Desconoce que es el personaje principal de una revolucionaria producción televisiva. 

Y es que la vida de Truman lleva siendo vigilada por cámaras de tv día y noche, desde su nacimiento, para un programa televisivo con su mismo nombre. 
Los telespectadores siguen su vida los 365 días del año.

Su vida transcurre en su ciudad natal, que en realidad es un estudio gigante de televisión y cuyo objetivo principal es que el show continúe hasta el fallecimiento del propio Truman. 

Nada es real, todo el pueblo es un enorme decorado, desde el agua, a las luces (la luz artificial del sol) y todos excepto Truman son actores. Su personaje debe enfrentarse solo a una terrible verdad.

El Show de Truman posee para mí uno de los guiones más originales y curiosos que he visto nunca. Entretenida, inquietante en algunos momentos, tramposa...
Dotado de unas dotes para la comedia natas, aunque en ocasiones algo cansinas y repetitivas, Jim Carrey decidió dar el salto al drama en esta notable película. 

Aunque no renuncia a sus partes cómicas, Carrey muestra su lado más serio para interpretar a un hombre que descubre que su vida ha sido una mentira, pero a su vez ha sido tan real como la vida de cualquiera.

Ed Harris aporta lo suyo, como Cristof, dueño y señor de la vida de Truman, desensibilizado que vende como un espectáculo sus desgracias y miserias, utilizándolo como instrumento de poder. Una especie de Gran Hermano perpetuo cuyo lema es el todo por la pasta.

Está presente la metáfora del creador y el creado, sus implicancias y la posterior sublevación del mismo para tener privacidad, para ya no ser un objeto de distracción, sino una persona con necesidades y voluntad propia.

Peter Weir monta la película a la perfección, convirtiéndola en lo que realmente es: un programa de televisión con publicidad (poco) subliminal. 

Jugando con las posibilidades que le ofrece el hecho de poder colocar las cámaras donde quiera, Weir maneja la situación y hace que el espectador de la película sea, también, parte de la audiencia del programa.

Ideológicamente, la película supone el análisis de las maneras en que la sociedad se deshumaniza y priva de vida propia al individuo. 

La alienación del mismo, los efectos devastadores de los medios cuando son utilizados en fines poco éticos, y la lucha por la libertad y la vida privada son los ejes que el director Peter Weir intenta adaptar audiovisualmente en esta cinta. 
Lo hace de manera bien explícita, sin muchos giros y de la forma más directa y concisa posible.

Además nos propone la imagen del espectador que pasa largas horas frente al tv consumiendo cualquier producto, manejados como si fueran simples marionetas. 

Todo el mundo ve el programa, lo comentan, lo critican, pero nadie se da cuenta de que es una persona igual que ellos. Retrata un mundo egoísta y egocéntrico, en que cada uno mira sólo para si mismo.

¿Somos libres o nuestra vida la manejan desde afuera? Ésta es la principal pregunta que se plantea la película, y a la cual no doy la respuesta por no desvelar el final. Esta película es un canto a la libertad, ya que la vida, la hace uno y nadie podrá decidir, imponer y pensar como Tú mismo. Tú eres el dueño de tu destino.

A pesar de que vivamos en un mundo superficial y falso, sometidos y manipulados por la publicidad y las multinacionales, siempre nos queda la libertad de decidir en el último momento.





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La Vida es Bella (1997): La Fuerza Del Optimismo




La imaginación es un refugio contra el dolor, el horror, el sufrimiento y el miedo. Ésta película nos da una buena muestra de ello, en la que se retrata la tristemente famosa historia del holocausto, de una manera diferente.

Guido Orefic (Roberto Benigni), es un judío que llega a una ciudad de la Toscana italiana con la intención de abrir una librería. Allí conocerá a Dora (Nicoletta Braschi), la prometida del fascista Ferruccio, con la que se casará y tendrá un hijo.

En tiempos de la 2º Guerra Mundial, Guido y su familia serán llevados por los nazis a un campo de concentración por su condición de judios. 

El padre tratará por todos los medios de que el niño no lo pase mal, por lo que decide contarle historias y hacerle ver que toda la estancia allí no es más que una excursión y un juego, por lo que debe ser valiente ante las cosas que vea y respetar las reglas para que pueda ganar un importante premio al final.


Si antes de 1997 alguien hubiera afirmado que la película que arrasaría en premios de crítica y público sería una comedia centrada en el Holocausto judío, cualquiera habría calificado a dicha persona de pésimo profeta y, colmo de males, individuo con escaso buen gusto. 

No obstante, Roberto Benigni cogió el toro por los cuernos, incluyendo la dirección, para hacer una cinta conmovedora, que tuvo aroma de clásico, casi al instante. 

A pesar de algunos pasajes algo ilógicos en algunos momentos, se trata de una película en muchos sentidos admirable... Pero lo más admirable de ella, es su mensaje y la manera de darlo. Obviamente es un bello mensaje, que rebosa humanidad y optimismo, que cala en lo más hondo si uno se familiariza con la película.

Hay que reconocer que Roberto Benigni no es buen actor, ni muchísimo menos; al menos para mí, ya que está muy lejos de llegar al nivel de Chaplin o Peter Sellers. Pero esa bombilla que se nos enciende a todos en la cabeza en cierta parte de nuestra vida, se le encendió a "base de bien" a este señor cuando hizo este filme. 

Incluso aquí Roberto actuó bien; incluso nos conmueve con facilidad, a pesar de estar tan sobreactuado. Pero eso es lo que hace especial y diferente a este hombre: su rareza entrañable.


"La vida es bella" es tan dura como las otras versiones que se han hecho para el séptimo arte de la II Guerra Mundial; pero aquí el mecanismo para advertir y hacer el exorcismo de aquellos días oscuros, es la más pura bondad al estilo Disney. 

Además, salpicado de ese sentido del humor tan italiano y que tan buenos resultados le dio a ese país durante su década dorada. 

Es una historia de amor, de sacrificio y valor. Y es que en el fondo, la vida es bella y no hay que derrumbarse nunca, y la inocencia de un niño no puede ni debe cambiar, ni siquiera en una guerra.









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Cube (1997): Claustrofobia elevada al Cubo



Es la típica película en que algo muy raro está sucediendo y nadie sabe realmente qué. Cierto es que esta película no es para todo el mundo, pero a los que disfrutamos con las rarezas, nos apasionan trabajos así. 

“Cube” trata de la historia de seis personajes que no tienen nada que ver entre sí y que aparecen atrapados en una cárcel con forma de cubo sin saber la causa de su encierro. 

Sucede que la habitación cúbica se comunica con otras iguales, y a su vez éstas con otras y así prácticamente hasta el infinito. Para acabar de complicar la situación, algunas de esas habitaciones son trampas mortales. 

La única forma que tendrán los personajes de salir, será poniendo en común todos los conocimientos de cada uno de ellos, con el fin de poder llegar a encontrar la clave que les abra la puerta al exterior; clave que en realidad no es más que un complejo enigma matemático.

Estamos ante una metáfora sobre el sentido de la vida y el comportamiento del ser humano. 

La película trata de la supervivencia, del sobrevivir como sea, utilizando todos los recursos que estén a mano, donde el trabajo en equipo es la principal estrategia para superar obstáculos. 

No obstante, al haber variedad de calidad de personas, también se cae en ver al otro como un rival que molesta a los propósitos del sálvese quien pueda. No hay normas dentro del cubo, no hay leyes, no hay orden. 

No engañamos a nadie si decimos que en una situación límite el ser humano no dejará de ser tal y como es, es decir, egoísta, paranoico, racista, o nihilista.

Ésta es la mayor virtud de la película, el destrozar el mito de que en las situaciones extremas es cuando surge la fraternidad humana, basada en criterios demasiado abstractos y de inequívoco origen religioso.

La película también nos da una lección: la inocencia es la mejor opción en este mundo que nos rodea. 

Y es así como se burla al final de la película. Y bien... mucha gente critica el porque de no haber ni un principio ni un final. 

Yo creo que uno de los intereses de esta película esta en "¿cual será la próxima trampa?", "¿quién sobrevivirá?", “¿quién ha construido el cubo?", "porque ellos?", y un largo etcétera. 

Su diseño minimalista y su minucioso desarrollo hacen que el espectador no se distraiga ni un segundo de la trama, obligándole a prestar atención en lo que esta ocurriendo en los cubiláteros.

La parte negativa de la película, bajo mi punto de vista sería ésta: Se le da un final de manera muy repentina, sin que te lo llegues a esperar y mucho menos que finalice aquí la película. 

Creo que la originalidad no debería ser la única base de una película; aparte, carece de los fundamentos básicos para poder comprender el contexto y el por qué de cada situación que sucede, aunque quizá este detalle fue hecho a propósito.



En vez de centrarse únicamente en la idea (que no está mal), se echa en falta el haber trabajado un poco más los personajes y sus relaciones entre ellos. 

No se puede decir que sea perfecta -entre otras cosas, las interpretaciones no son precisamente lo mejor del filme -.

Aún así, merece la pena asomarse a este juego extraño macabro, donde lo único claro es que al final ganará el que menos te lo piensas, donde las sorpresas se suceden una tras otra, cuya ambigüedad permite elaborar múltiples conclusiones, y donde quedas extasiado a más no poder con un apartado gráfico sorprendente.







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Dioses Y Monstruos (1998): Retrato de la Soledad


Las historias de personajes acabados, perdedores y humillados, pero con una gran lucidez siempre ha interesado en el cine; esto es lo que fue James Whale. Director de películas como "Frankenstein" o "El hombre invisible", Whale siempre se mostró como un hombre inquieto, culto y con un talento escondido para la pintura.

Abiertamente gay, en aquel Hollywood de los años treinta y cuarenta, repleto de glamour, grandes fiestas y gran incomprensión. 

En su día fue un hombre respetado, pero el tiempo le jugó una mala pasada, ya que fue marginado y olvidado.

Esta esplendida película del director Bill Condon nos ofrece una fantasía de lo que pudieron ser sus últimos días de vida, la compleja relación que mantiene con su jardinero, Clayton Boone, un muchacho con pocas luces pero ansioso de aprender cosas, de alguien que de verdad puede catalogarse como artista.

La admiración del jardinero es respondida por Whale en forma de deseo (no solo sexual, también sentía algo cercano al respeto y la atención que tanto necesitaba), para acabar siendo una amistad basada en la pura necesidad.

Si dos personas tan opuestas logran un nexo de unión tan poderoso, es porque en el fondo los dos están solos. 

Por encima de prejuicios, a medida que avanza la película la relación de amistad se hace cada vez mas estrecha, llegando al clímax final donde los dos se derrumban dejando a la vista del espectador sus miedos y frustraciones.

Ian McKellen sorprende sobremanera. Sus miradas al sesgo, cargadas de intenciones, y su gesticulación corporal medida hasta el detalle, hacen de esta película, una de sus mejores interpretaciones. 

Nos muestra con detalles los pesares y traumas de su personaje, su depresión y su inestabilidad mental, sus recuerdos del pasado, etc.

A destacar también Brendan Fraser. Un actor que ha hecho demasiadas comedias banales pero también, hay que reconocérselo, alguna película sobresaliente donde él no desentona en absoluto, como es éste caso; representando al ingenuo jardinero pero con una carga de virilidad importante.

Para completar hay que mencionar a Lynn Redgrave (nominada al Oscar a mejor actriz secundaria por este papel) dando vida a la ama de llaves del director, una mujer madura que le conoce los vicios y que cuida de la salud física y mental de su amo. Convincente papel secundario el de la actriz.

A pesar del ritmo narrativo, que hace que la historia sea lenta en algunos pasajes (lo cual puede hacer desconectar de ella a ratos), estamos ante una sencilla y emotiva película que nos habla de la soledad y de la necesidad de sentirse querido; además de hablar de un genio incomprendido dentro del panorama del 7º arte.





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Corre Lola, Corre (1998): El destino en 3 caras de una misma moneda



Lola recibe la llamada de su novio, Manni, que necesita cien mil marcos en veinte minutos. A partir de este argumento se desarrolla la película, con Lola corriendo de aquí para allá y varias historias paralelas mostradas a través de varios montajes de fotografías.

Tienes 20 minutos para salvar la vida de tu novio, ¿Que pasa si fallas a la primera? pues que tu novio muere. Eso pasaría en la vida real pero no en el cine, en una película tienes todas las oportunidades que quieras (si así lo estima el guión). 

Tom Tykwer nos presenta una buena película muy bien esquematizada que juega con el tiempo y nos muestra como puede cambiar las cosas un solo detalle, por pequeño que sea.

La película en realidad son tres, pues ante un mismo reto las soluciones se plantean de tres modos distintos. Es como si tres cortos de 25 minutos se sucedieran uno detrás de otro. 

La narración es trepidante, con Lola sin parar de correr en ningún momento, y la adrenalina va subiendo por momentos.

Esto debe hacernos reflexionar acerca de la posibilidad de crear una interesante historia con poco presupuesto, dado que, al fin y al cabo, muchas de las escenas que vemos (las que muestran a Lola corriendo por las calles de Berlín), han sido rodadas una sola vez y repetidas después en el montaje, o al menos esa es la sensación que da.

Se juega con las hipótesis de los diferentes obstáculos y elementos que se presentan en la vertiginosa carrera, tales como un ciclista que se cruza con la chica, una traffic que está a punto de chocar con unos operarios que cruzan la calle transportando un vidrio, un vagabundo, etc

La música techno y la perfecta dirección, hacen que la película sea electrizante por momentos. El director consigue que nos involucremos mas cada minuto que pasa y que, incluso, esperemos esas sesiones de fotos que explican las historias paralelas para saber que es lo que cambia en esos personajes cada una de las veces que Lola se los encuentra, de manera que vemos como un solo detalle puede cambiar sus vidas enteras.

Franka Potente (Lola), realiza un trabajo excelente. Aunque he visto películas suyas, para mí siempre será Lola; una joven desesperada por conseguir su objetivo. Una joven que recorrerá durante escasos 20 minutos las hermosas calles del centro de Berlin. 

Un Berlin que se mezclará indirectamente con el ritmo de sus zancandas, y que involuntariamente se transformará debido a cada decisión que se vaya tomando. El precioso pelo rojo de la protagonista, se ha convertido ya en uno de los iconos del cine alemán.

La película no esconde un doble sentido, ni requiere de una gran concentración para su entendimiento, como tampoco intenta inculcar bajo una moral concreta. 

Únicamente entretiene, pero lo hace de una manera fresca, y artística. 

Es una versión original de la máquina del tiempo con guiños, diría yo, a los videojuegos de plataformas ya que, podemos escapar a un destino cruel? Cuántas vidas nos quedarían por jugar si perdemos?

Los puntos críticos de cada historia debían ser demasiado coincidentes o espectaculares como para que el peso global de la cinta fuera el adecuado, y algunos detalles si lo son, consigue hacer ver que en situaciones de alerta el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, la mayoría de las veces sin razonar. 

Pero en general la historia queda muy lineal, con un final que pasa a lo surrealista y definitivamente escapa a cualquier mensaje sobre la sociedad estresada e incluso sobre su transfondo principal del "tiempo es oro"... 

Tres historias paralelas, tres desenlaces diferentes, tres vidas diferentes para todo el que se cruza con Lola, ¿la razón?, simplemente el azar, y las pequeñas cosas que a priori carecen de importancia. 

Ante todo, muy buena película que fue un éxito de taquilla en Alemania y que obtuvo varios premios. Sin duda alguna, un claro ejemplo de como hacer buen cine, y de forma original.



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