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El Oso (1988): Mundo animal versus estupidez humana





Una osa que intenta alcanzar un panal de miel con el que saciar su glotonería, muere aplastada por un alud, dejando huérfano y desamparado a su osezno Youk, el cual se ve obligado a sobrevivir en un medio muy hostil.

Afortunadamente, Youk se encuentra con Kaar, un oso Kodiak adulto que decide adoptarlo y protegerlo. De todos los peligros que los amenazan, el peor lo constituyen los tramperos. 

Dos de ellos, Bill y Tom, mantendrán una lucha singular con Kaar; sobre todo Tom, que se enfrenta varias veces con el gran oso y se plantea su caza como una cuestión de orgullo personal.

Que es una película absolutamente diferente y especial no cabe duda. “El Oso” es una producción prodigiosa con aspecto de documental, pero con un guión cuidado. 

Tal osadía necesitó de tres años de rodaje, y es que en el filme son un oso y un pequeño osezno los protagonistas (tal como suena), mientras que los humanos son el elemento secundario del filme.

Esto tiene la ventaja de hacer del filme algo único, utilizando las imágenes reales de los animales en su entorno. Pero esto también tiene una desventaja, la ausencia de diálogos, ya que, lamentablemente para los intereses de la película, los osos no hablan.

Esto es una carencia importante; sin diálogos naturales de los protagonistas principales, y ni siquiera una voz en off para contar lo que ocurre (para no dar lugar al documental) nos queda solamente el lenguaje de la imagen, el principal sin duda tratándose de una película, pero que queda incompleto, y que hace que, pese a las travesuras y peripecias de oso y osezno, a veces la película caiga, por momentos, en el aburrimiento, en el documental mudo.

Pienso que es una película emocionante y humana; desde un punto de vista naturalista nos ofrece unos paisajes de montaña increíbles por su inmensidad y belleza que podrá apreciar cualquier amante de la naturaleza.

La apuesta principal de la película es emocionar y enternecer al espectador con una película de a ratos cruda, por momentos divertida, y en otros pasajes cruel.

Claro que la trama tiene sus fallos, que en determinados pasajes se nota que le falta chispa al conflicto narrativo, que hay pasajes bastante inverosímiles y que por momentos la película se parece mucho a un documental sobre naturaleza. 

Al tener como protagonistas animales, efectivamente la naturalidad de las “interpretaciones” es inmejorable. Su comportamiento es el único posible para los plantígrados; pero al ser animales, la implicación con el espectador es mucho menor y resulta más difícil entrar en la película, que con protagonistas humanos. 

Obviamente que hay detrás del filme un mensaje crítico que mueve a la reflexión, ya que si bien el ser humano es el rey de la naturaleza, nunca debe utilizar esa supremacía para abusar de los seres inferiores. Un claro alegato ecologista que nos habla sobre que la mayor felicidad está en dejar vivir y no en matar.

¿El film más entrañable de la historia? Para muchos sí, incluso al más frío de los espectadores se le encoje el corazón durante su visionado. Esto lo buscaba el director francés Jean – Jacques Annaud y lo consigue.








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Shirley Valentine (1989): La Rebeldía perdida


Shirley Bradshaw (Paulina Collins) ha podido ver siempre el lado divertido de cualquier situación. Ella era un rebelde cuando era adolescente, aunque ahora es ama de casa y madre y siente que ha perdido sus sueños. Cuando su mejor amiga gana un concurso y pide que Shirley la acompañe en un viaje a Grecia, concretamente a la isla Mykonos; Shirley comenzará un viaje de autodescubrimiento.

Shirley Valentine no ha podido desarrollar su "yo", por culpa de la falta de autoestima. Su vida se va vaciando poco a poco. Pero llegará un momento en que la rebeldía que siempre ha tenido (el apellido no es casual) aflore y le dé la suficiente entereza como para "no desertar de la vida".

Antes de que se llevara al cine, "Shirley Valentine" había sido un exitazo en los teatros de Broadway, haciéndole ganar a su protagonista, Paulina Collins, el premio Tony por su actuación.

La actriz, proporciona todo un recital de registros expresivos: maravillosa, vital, atrevida, exultante.
Shirley es una persona que se ha vuelto invisible para su marido, sus hijos, vecinos, amigos...

Están acostumbrados a que ella lo dé todo con el máximo cariño e ilusión; hasta el extremo de que la Shirley de hace un montón de años que tenía ideas propias, iniciativa, ilusiones...desapareció.

La culpa no la tiene nadie porque ningún ser humano debería apartar sus sueños, su camino, sus sentimientos... por encontrar un sitio en el mundo o por estar con las personas que más ama.
Por eso, llegado al punto donde se encontraba la protagonista de esta encantadora película, sólo queda una solución y es retirarte para encontrarte a ti mismo.

Justo en ese preciso momento en que te perdiste, y es hora de empezar a amarte regalándote cosas buenas, acercándote de nuevo a tus sentimientos.


Porque es imposible amar la vida ni a nadie si uno se ha olvidado de lo que siente, de lo que necesita, de quién es.

Quien busque una buena comedia, puede pasar un rato divertidísimo.
Pero aconsejo no quedarse ahí; Shirley Valentine es "valiente" (valga la expresión) y nos llevará a un final abierto en que, recuperada la identidad, todo es posible, porque ese "nosotros" es construible, ya en unas circunstancias concretas.

Es verdad que para salvar el tono de comedia y hacer verosímil la historia de Shirley, los personajes que la rodean y que sirven de contrapunto han de ser estereotipos acartonados (el marido, los hijos, la vecina, la profesora, la compañera de clase, la amiga).

En el fondo, todos quieren ser como ella, pero ella ha creído que debía renunciar a su "yo" para adaptarse. Este error la hará desertar de la vida. Cuando se dé cuenta, todo habrá cambiado.

Shirley, simple, rebelde y sin pelos en la lengua te paseará por las emociones y el sentir de muchos que no terminan de "digerir" la realidad que les rodea. No hay edad para sufrir la frustración, la soledad y la incomprensión... pero tampoco para encontrarse a uno mismo y cambiar el curso de la historia.





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El Almuerzo Desnudo (1991): El Sueño de la razón produce Monstruos





No se trata de una película basada en el libro “el almuerzo desnudo”, sino una adaptación del proceso que conllevó escribir el libro, el cómo se escribió. Trata sobre el tiempo en que el escritor William S. Burroughs fue yonqui y consiguió escribir esa joya de la literatura del siglo XX. 


A modo de falso biopic; se plasma a la perfección las alucinaciones que Burroughs tenía en su etapa más autodestructiva como escritor, el miedo al mundo que le tocaba vivir (y la creación de uno propio: “La interzona”) y toda su ideología demoledora.
 Que el propio Burroughs fuera un personaje muy complicado se ve claramente en la forma en la que murió su mujer (de un disparo en la cabeza jugando a Guillermo Tell), por lo que no ha de extrañar que la película sea una rareza. 


El film transcurre entre alucinación y alucinación de un modo muy absorbente, como una buena película de cine negro pero con destellos de locura psicotrópica.


Para comprender la situación de la cinta y disfrutar con ella (o intentarlo al menos) es obligatorio haber, si no leído al escritor, sí conocer un tanto de su vida y obra, de sus miedos, las inquietudes que le movían a describir los aspectos más malsanos de una personalidad atormentada como la suya propia. 


Ya que si no, pasará exactamente lo mismo que me pasó a mí la primera vez que vi esta película, no se va a entender en lo más mínimo. Nos encontramos ante una historia radicalmente contracultural, un grotesco e influyente mejunje en el que drogas, homosexualidad, exotismo, futurismo, alienígenas y espías se dan cita de forma enloquecidamente surrealista.


Creo que uno de los puntos fuertes de "Naked Lunch" es la impresionante actuación de Peter Weller, quien logra desarrollar uno de los papeles más difíciles y complejos que yo haya alguna vez visto, y lo hace gloriosamente. 


Judy Davis también da una actuación digna de elogios, sobretodo en el principio del film.


No es que no me llame la atención el cine surrealista, además de que en este blog ya he dado alguna que otra muestra de ello; pero el problema que me encontré aquí es que me quedan muchos frentes abiertos, casi puedo decir que sólo me he quedado con la esencia de la historia: como se escribió un libro a base de drogas aún no sintetizadas. 


Y esto lo consigue muy bien, se introduce en el "mundillo de los escritores" a su modo, claro está, mediante un exterminador y sus alucinaciones amarillas y negras, con lo que aparece una intriga que seguro que es atípica, una trama que no se acostumbra a ver, con personajes irreales y muchos detalles en conversaciones y escenarios.


El guión es francamente bueno, aunque el desarrollo del filme sea irregular. A veces apasionante, otras, en cambio, parece caminar por tierra de nadie. 


Es un esperpento en sí misma; David Cronenberg consigue transmitir la confusión mental de una manera envolvente, visceral  y angustiosa. La estética de serie B te hace ver la irrealidad de una manera más sencilla.


Supongo que para algunos de aquellos que hayan experimentado alguna vez alteraciones por consumo de sustancias psicotrópicas puede resultar mínimamente interesante la atmósfera, el tema, etc
Es una historia que no dejara en ningún momento indiferente, todo lo contrario, en verdad o será fascinante o terminaras odiándola. 



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Eduardo Manostijeras (1990): El monstruo que aprendió a sentir



No creo que nadie me niegue que -más allá de que Tim Burton guste o no- las películas de este señor son muy creativas y personales.
Algo común en su cine, es la fascinación por seres que son marginados o apartados de la normalidad, y quizás este film sea la máxima expresión de esto.

Durante una noche de Navidad, una anciana le cuenta a su nieta la historia de un inventor que vivía en un castillo, y que dedicó parte de su vida a crear una criatura perfecta a la que llamó Eduardo. Pero el inventor murió de repente y dejó incompleta su creación, ya que en vez de dedos tenía unas horribles manos con hojas de tijera.

El pobre Eduardo vivía sólo en el castillo hasta que una encantadora mujer, que trabajaba para la firma Avon, lo adoptó y le llevó a su casa junto con su familia. 

Pero una criatura tan especial como Eduardo no estaba preparada para vivir en una ciudad tan extravagante y falsa…

Eduardo Manostijeras, es una especie de Frankestein con un corazón enorme que pronto se verá marginado e inadaptado por la hipocresía de la sociedad.

Las tijeras en sus manos le convierten en motivo de curiosidad pasajera por la belleza de lo que crean (puede tallar esculturas a partir de las plantas).

Pero también son las que le convierten más adelante, en motivo de burla y en enemigo de la sociedad, por hacerle diferente a lo que ésta cree normal.
Lo que esa gente ignora es que detrás de ese chico pálido, despeinado, vestido de negro, se esconde un alma pura e ingenua incapaz de hacer mal a nada ni a nadie. Eduardo conoce el amor, pero pronto se dará cuenta de que el amor puede ser lo más bonito, pero a la vez lo más cruel del mundo.

Desde el comienzo, Tim Burton nos propone un cuento gótico, oscuro y romántico. Pero luego pasamos a un barrio "american life" de los 50 o 60 (pero los hijos van como en 1990); y el filme sigue derroteros de comedia de enredos y de humor, que le hace perder calidad, traicionando parcialmente el tono de la cinta.

Y es una pena porque cuando la historia se centra en Eduardo (muy bien Johnny Depp), en sus recuerdos donde aparece su creador, en algunas secuencias con Winona, en el maravilloso final, la película merecería un 10.

En esta historia hay un trasfondo enorme, plagado de enseñanzas y contundentes verdades. Desgraciadamente, vivimos en un mundo en el que lo "diferente" suele ser considerado como inferior y que si es novedoso todo es muy bonito, pero cuando deja de resultar gracioso se aísla, margina y desdeña.

Gracias a la música y el tono fantástico que logra transmitir, se percibe una melancolía que confieso, emociona y te hace lamentar que este cuento gótico, no hubiera mantenido ese tono desde el principio al final.

Pienso que la vida cotidiana de Edward en el vecindario no tiene ni la sensibilidad que desprende la historia y el propio personaje. 

Ante ese tono de leyenda y ese aire de fábula romántica que impregna la película, hablar de barbacoas y peluquerías resulta algo fuera de lugar.

Aún así, se le perdona por lo divertido de las situaciones y por la importancia de esas experiencias, ninguna superflua, en el desarrollo de la historia.

El trabajo de los actores es notable, desde el siempre seguro y alter ego en pantalla de Burton, Johnny Depp (en su primer rol para este director), a la bella y joven Winona Ryder (Kim, la niña mimada de la cual Eduardo se enamora).

Pasando por dos intérpretes maduros y de gran oficio como Alan Arkin y Dianne Wiest. Cierra el círculo la estupenda actuación de Kathy Baker y la muy celebrada última presencia del veterano Vincent Price.

Una metáfora que intenta hacernos comprender que no debemos juzgar por las apariencias, que detrás de alguien "distinto" puede haber un gran corazón y detrás de alguien "normal" puede esconderse un monstruo.



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Sin Perdon (1992): La redención del Pistolero


La verdad es que no soy aficionado a los westerns, nunca me han acabado de gustar demasiado después de ver muchos por televisión a lo largo de los años, pero con "Sin Perdón", puedo decir que nunca un western me había gustado tanto.

Cuando el western, el más cinematográfico y clásico de los géneros del cine americano, parecía muerto, tuvo que llegar el gran Clint para ofrecer el que para quien esto escribe, quizás el más original e interesante de la historia del cine.

Es muy fácil en este género matar gratuitamente, y que se muestre banalmente, pero aquí su protagonista se pregunta sobre lo que supone matar a un hombre.

Se nos muestra la evolución de William Munny (Clint Eastwood), un forajido violento, envejecido y venido a menos que ahora vive retirado en una granja con sus hijos. De repente le llega la oferta de hacer de caza recompensas de unos maltratadores de prostitutas y así salir de la miseria en la que se encuentra.

Para conseguirlo se une a su viejo amigo Sam (Morgan Freeman). El burdel en cuestión se encuentra en un pueblo donde el que manda es un sheriff dictatorial y frío que pone la ley a su antojo, llamado Little Bill (Gene Hackman).

La gran diferencia que marca “Sin Perdón” de otras cintas de similares argumentos es la carga moral, social, humana de una historia que no habla de otra cosa que del peso de la muerte, del asesinato, en la conciencia de un hombre común.

Todos los personajes huyen de los estereotipos. No existen los buenos ni los malos y todos cargan demonios internos.

Por lo que muchos puedan decir sobre Eastwood acerca de sus interpretaciones, puede ser correcto decir que casi todos sus personajes tienen un mismo perfil. Aquí pasa lo mismo, siendo la diferencia que es interpretado con la dureza que sólo el puede imprimir al personaje.

El anti héroe que encarna Eastwood representa pues el peso de un pasado convertido en futuro, de un destino inevitable por los errores y horrores encarnados en una vida repleta de equivocaciones y pérdidas.

Además, muestra que la búsqueda de la redención queda en el olvido cuando se choca con lo que es querido. 

Y es en ese instante donde afloran los sentimientos más bajos del hombre, donde el deseo de venganza y dar muerte supera todo raciocinio.



Gene Hackman y Morgan Freeman dan buenas actuaciones dentro del registro que se le conoce (impulsivo, duro y con la cabeza caliente el primero; reflexivo, a veces malo pero sobre todo demasiado concienzudo el segundo).

Se le puede achacar a “Sin Perdón” su lentitud y cierta carga rítmica, la sensación de que muchas situaciones y escenas de la cinta se alargan sin saber muy bien a dónde se dirigen. Pero con la parte final, el destino de los personajes queda claro.

La estética no tiene nada que envidiarle a los grandes clásicos del lejano oeste y la banda sonora acrecienta el tono melancólico y solitario del protagonista principal.
Épica película que demuestra que no siempre el tiroteo o el duelo es lo más atrayente del western, sino la profundidad de los personajes.

 

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El Golpe (1973): El Arte de Estafar




La acción, que comienza en Joliet (Illinois) y continúa en Chicago (Illinois), se extiende a lo largo de unos meses a partir de septiembre de 1936. Johnny Hooker (Robert Redford) y Luther Coleman (Robert Earl Jones), dos timadores que actúan en pareja, engañan a un esbirro del gángster Doyle Lonnegan (Robert Shaw).

A la muerte de Luther, Johnny busca la ayuda de Henry Gandorff (Paul Newman), conocido estafador semi-retirado. Johnny, de unos 28 años, es impulsivo, hábil y manirroto. Henry, de más de 40, es inteligente y de nervios templados.

Ambos deberán aliarse para realizar el gran timo de sus vidas hacia dicho tipo, que ha asesinado al amigo del primero.

Tomar en consideración que Doyle Lonnegan (el mafioso en cuestión), es también un experto en las artes sucias, algo que llevará a Hooker y Henry a ejecutar un plan maestro, pensado minuciosamente, donde un error puede costar la vida de uno, por no decir de ambos.

Más sencillo imposible. Y más entretenido tampoco. Durante una historia dividida en partes (bien indicadas en la pantalla), asistimos a la preparación del gran Golpe.

El film es una comedia dramática, que incorpora elementos de intriga, crimen, gángsters, aventura y  humor. Estamos ante sin duda, la película que mejor trata el tema de los timos ya que un sólo golpe maestro y perfectamente pensado es suficiente para toda la historia.

"El golpe" es una película deliberadamente bromista, una juerga de dos horas, dónde se plantea el juego como una metáfora de la vida (quién más arriesga, lucha o se lanza a la aventura acaba por sacar algo más del pastel de la misma).

El reparto encabezado por Paul Newman y Robert Redford, ambos perfectos, volviendo a dar muestras de una excelente interacción en pantalla.

Aunque no hay que desmerecer al resto del reparto (Robert Shaw, Charles Durning, Ray Walston, Eileen Brennan, Harold Gould, etc), cumpliendo con lo que se les exige en el guión y dando la dimensión adecuada al personaje que están interpretando.

El gran mérito del director, es encajar con maestría todos los mecanismos que intervienen en la historia que nos cuenta, aderezando el decorado con una estupenda banda sonora, sin dejar nada al azar, y consiguiendo mantener el interés del espectador para llevarlo hasta la sorpresa final.

El ambiente corrupto de las ciudades y los tinglados ilegales hacen una piña con los estafadores y burdeles de las calles de Chicago, para mostrarte la vida de aquella época con un cálido tono de humor sin impertinencias.

La película se pasa en un suspiro y por el camino deja perplejo al espectador mostrándole que los actores de hoy en día tienen mucho que aprender sobre las maneras de estos gigantes llamados Newman y Redford.




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Rosemary’s Baby (1968): Lo que se siente y no se ve


Rosemary Woodhouse y su esposo Guy (Mia Farrow y John Cassavetes), se trasladan a un apartamento en Nueva York, ubicado en un edificio marcado por espantosos crímenes que han sucedido en el pasado. 

Pronto conocerán a Minnie y Roman Castevet (Ruth Gordon y Sydney Blackmer), una pareja de vecinos jubilados, que comenzarán a entrometerse en su vida.

Desde el principio nos damos cuenta de que tienen intereses ocultos y un fuerte interés porque la chica se quedé embarazada. Rosemary es una mujer débil y de carácter frágil; es la prototípica mujer americana de los 70, decidida a procrear y cuidar de la casa y la estirpe.

Ella será la elegida por un grupo satánico para engendrar una criatura demoníaca, una vez ganada la voluntad de su marido Guy, gracias a la labor de inteligente captación que realiza este matrimonio de ancianos.


Por tanto somos testigos de todo el proceso, desde la forma en que es concebido (quizás la escena más extraña de la película), los 9 meses de embarazo y finalmente el parto.

El final tal vez sea algo frío, aunque a mi entender es el mejor final que se lo podría dar al film.



El “bebé de Rosemary” (traducción mucho más acertada para mi gusto, antes que “La Semilla del Diablo”), más que pertenecer al género de terror puro y duro, es más bien uno de los primeros experimentos del miedo psicológico en el cine. 

Eso sí, el resultado en conjunto no es tan impactante como parece, al menos vista con el paso del tiempo.

No niego que cuando se estrenó, tuviera su encanto. Es evidente que su estilo directo y explícito (para la época), sus escenas de desnudos y el tema en cuestión (los ritos oscuros y el satanismo), resultaran transgresores a finales de los 60. 

Al fin y al cabo, esta es la primera película relevante de lo que se convertiría en todo un subgénero que pariría, entre otras, “La Profecía” (ya comentada en este blog) y “El exorcista”.

“El bebé…” es una película donde no se muestra casi nada, pero se sugiere mucho. Polanski decide hacer la película en torno al personaje de Rosemary, nos ofrece únicamente su realidad, es decir, como percibe ella lo que la rodea.

Esta original manera de conducir la película puede hacer pensar al espectador, hasta que punto todo es una conspiración contra el personaje de Rosemary, o si bien todo forma parte de la imaginación y paranoia de ella.

Se nos muestran planos psicodélicos y chutes de humor negro que sumen al espectador en un estado de atención. Ningún personaje sobra en la cinta, y ninguno falta tampoco.



Los actores están todos a gran altura, pero hay que destacar en especial a Mia Farrow. Especialmente tras ver su evolución a lo largo de la historia; para convertirse en una criatura triste, delgada y cada vez con peor aspecto. 

Cada vez se siente mas sola, se va dando cuenta de que cada vez hay menos personas en las que puede confiar.

Ríos de tinta se han escrito sobre la vida de Roman Polanski más allá del mundo del cine, haciendo hincapié en asuntos escabrosos de su vida y de sus desgracias personales.

Quizá debido a ello, la cultura popular ha querido dotar a Rosemary's Baby de una serie de mitos o leyendas que lo único que han conseguido es mantener, en cierta forma, la popularidad de la película hasta el día de hoy.

Los que la critican malamente porque identifican el terror con ver monstruos y sangre se pierden el verdadero miedo, que es el que se genera uno mismo. Y esta película lo consigue.



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El Gran Carnaval (1951): La ambición mediática


Billy Wilder compone una las obras más amargas de toda su filmografía y más reales que nos podamos imaginar, lejos de sus habituales comedias. No sólo constituye una feroz crítica hacia el periodismo más sensacionalista, sino que resulta toda una crítica moral hacia las masas, la corrupción existente y la interesada manipulación informativa.

Chuck Tatum (Kirk Douglas), es un arrogante y fracasado periodista que tras ser despedido de su último empleo, recala en la redacción de un diario local "Albuquerque Sun-Bulletin", en Nuevo Mexico.

Un día se produce un accidente en una cantera, quedando atrapado alguien bajo los escombros de una de las galerías. Se trata de Leo Minosa, un tipo de mediana edad, e hijo del dueño de la gasolinera, aficionado a frecuentar dicho yacimiento.

Tatum ve la oportunidad de convertir este suceso en todo un fenómeno mediático que pueda atraer a todas las masas y periódicos del país.

Lo que empezaría siendo un sencillo rescate y un pequeño artículo en la sección de noticias, se convierte en todo un “reality show”.

El periodista no dudará en manipular y sobornar a funcionarios y obreros; con tal de alargar el rescate y él así recuperar su imagen de buen y reputado periodista.

Seis agónicos días se prolongará el rescate de Leo, la pobre víctima que cree a Tatum como un amigo. Y todo con la complicidad incluso de Lorraine, la joven y ambiciosa esposa de Leo.

La obra está narrada desde el punto de vista de Tatum. Este hecho refuerza la ausencia de protagonistas simpáticos o amables con los que el espectador se pueda identificar.
Los dardos críticos se dirigen a los medios de comunicación y a sus profesionales, a los políticos y al público.

Éste último es mostrado como devorador voraz de noticias morbosas, aficionado al voyerismo de desgracias ajenas, y dado a asociar la propia insensibilidad con aires de recreo y fiesta.

Kirk Douglas está muy acertado como el despiadado Chuck Tatum, un cínico y arrogante reportero ávido de historias y sucesos que escribir a costa de lo que sea, sin importarle a quien pueda llevarse por delante con el fin de buscar el éxito perdido en anteriores periódicos.

A su lado hay toda una galería de secundarios, todos lejos de ser buenas personas. Desde la frívola esposa (estupenda Jan Sterling que nos transmite repulsión), hasta el corrupto sheriff que aprovecha para conseguir votos electorales para la próxima campaña.

El título del film no puede ser más explícito, pues toda una serie de personajes buscan el morbo de la noticia hasta llegar a formarse una auténtica feria de exposición. Tan sólo sentimos pena por los padres de Leo, el hombre atrapado, pues vemos la impotencia que sienten ante tamaña barbarie.

En EEUU, fue muy mal recibida por el público en general, y razón tenían: a nadie le gusta mirarse en un espejo donde se vea reflejada su propia máscara.

En Europa la acogieron mejor, y tenían una razón: sintieron que el director sólo aludía a la sociedad norteamericana, y eso no sólo los complacía, sino que los excluía de cualquier señalamiento.

Esta película es la mejor muestra que el cine ha hecho (pero no la única), de la avariciosa ambición del ser humano; y del daño que uno de éstos puede hacer cuando tiene detrás de si una herramienta tan poderosa que es capaz de conseguir que lo que escriba su pluma, lo lean en minutos cientos de miles de personas.

Injustamente olvidada, pero lejos de quedar desfasada; esta película cobra renovada vigencia, más de 60 años después, a tenor del triste rumbo que la profesión informativa está tomando actualmente.




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El Crepúsculo de los Dioses (1950): Cuando las Estrellas se Apagan


  
Esta película nos habla de la transición entre el cine mudo y sonoro, de los actores y actrices que quedaron en el camino, antaño estrellas afamadas y que deben contemplar como el inexorable devenir del paso del tiempo las sepulta junto a un cine que ya no existe; mientras ellas no se resignan a exhalar su último aliento en el anonimato y sueñan con el día en que vuelvan a brillar en el firmamento cinematográfico.

Joe Gillis (William Holden) es un guionista de cine con dificultades económicas, porque apenas logra vivir de su trabajo.

Perseguido por un par de hombres que pretenden obligarlo a saldar sus deudas, acaba refugiándode (de forma casual) en una mansión es estado decadente, que pertenece a Norma Desmond (interpretada por Gloria Swanson).

Desmond es una vieja estrella del cine mudo, recluida permanentemente en su casa, situada en el exclusivo barrio de Sunset Boulevard... acumula el dinero pero carece de amistades y
que sólo se
relaciona con un mayordomo, Max (Erich von Stroheim).

La mujer desea regresar al mundo del cine, porque cree conservar el encanto de su juventud y la admiración de sus seguidores... ignorando que su 'epoca dorada' ya pasó. Esta dispuesta a financiar la película y también ha redactado el guión que pretende llevar a la gran pantalla, basado en la vida de Salomé; para intentar mejorarlo, la millonaria contratará los servicios del más joven y apuesto guionista..

En realidad, este es un film depresivo. Nos enseña el devenir desdichado de alguien que experimentó la auténtica felicidad en y mediante sus propias carnes, prohibiéndola disfrutarla de otra forma para siempre y enjaulando su personalidad en un perfil manipulador y malicioso.

Y a su vez, de un hombre con sueños que poco a poco se han ido desvaneciendo y lo han convertido en alguien que termina confiando más en sus necesidades que en sus deseos, confundiéndolos.

Todos los actores están realmente brillantes y convincentes. El director Billy Wilder resucitó para la película a Gloria Swanson, antigua estrella del cine mudo, y el resultado fue asombroso, con un personaje que te provoca una mezcla de pena y espanto.

Junto a ella, un perfecto y atractivo William Holden, y para mí el mejor, Erich von Stroheim, como culmen de la locura y el autoconvencimiento de que los tiempos no han cambiado.
Todo enmarcado en un ambiente congelado en el tiempo y como fuera de la realidad, muy bien contrastado con el ambiente de fuera, al que pocas veces puede escapar el protagonista.

El Crepúsculo de los Dioses, es pues una disección que pese al concreto y lejano momento histórico en que se sitúa, está presente aún en nuestro tiempo.

Se habla de esas personas dejadas en la cuenta de una vida, de almas abandonadas y juguetes rotos por las falsas ilusiones, por ese monstruo feroz que es el ego, de cómo un mundo puede destruir la cordura de los grandes y llevarlos a un lugar, a un limbo, en el que definitivamente, lo han perdido todo.


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M, el vampiro de Dússeldorf (1931): El asesino está entre nosotros



En los inicios del cine sonoro, Fritz Lang, maestro del cine negro, presentó esta historia basada en la vida de Peter Kürten, el asesino en serie que mantuvo aterrorizada Alemania en los años 20 y quien fue guillotinado en 1931, coincidiendo con el estreno de la película.

"M" comienza con un asesino de niñas suelto en la ciudad de Düsseldorf, que inspirará el pánico en toda la ciudad. Las fuerzas del orden le buscarán con insistencia, con lo que los criminales de la ciudad, agobiados por la presencia policial, también se lanzarán a su captura; cansados de los toques de queda, redadas y mayor vigilancia impuestos para atraparle.

Es una película que se toma su tiempo justo, quizá algo más del que debiera con alguna escena menos necesaria.

Pero consigue meternos en la situación de creciente inquietud que viven tanto el asesino, como la policía, los criminales, y la propia ciudad.

A pesar de los momentos lentos, el ritmo no cae casi nunca, y somos testigos de la casi imposible tarea de capturar a un criminal que casi no deja pistas.

Creo que es la primera vez en la historia del cine que aparece un “serial killer”, su cara no se muestra al público desde el principio y para colmo no se ve ningún asesinato en pantalla. 

Fue una de las primeras películas sonoras, lo cual Fritz Lang explota al máximo, pues en su película cobran especial importancia los sonidos (sonidos, que no música) recreando un ambiente totalmente hostil.

La visión de la sociedad nos muestra a un poder arbitrario, incapaz de imponer el orden, por lo que la misma comunidad (aunque sea de ladrones, prostitutas y otras actividades), decide actuar por su cuenta, al margen de las leyes.

Quizás de alguna forma, Lang trata de hablarnos mediante esta historia del ascenso del nazismo a principios de los años 30. 

En el sentido de la paranoia que se inserta entre todos los miembros de la sociedad, al sentirse amenazados, y que puede dar como resultado la configuración de un estado arbitrario y totalitario.

Lo que resulta realmente curioso es ver como una ciudad entera se paraliza aterrada por los actos de un único ser, gracias a la manipulación de las fuerzas de seguridad del Estado y de los políticos de turno.

Resulta curiosa, la falta de un protagonista definido de la historia, cada secuencia presenta a un personaje distinto, de tal forma que el público, puede llegar a perderse fácilmente dentro del reparto del film.

Peter Lorre realiza, en su debut en el cine, la mejor interpretación de un criminal en toda la historia del cine; esos ojos saltones e inquietantes y ese rostro desencajado, jamás podrá ya ser imitado en toda la historia del cine. 

Si bien, sus cortas apariciones en pantalla hacen que se le eche en falta más protagonismo.

Cada uno de sus minutos son aprovechados al máximo, y no solo es creíble su interpretación, sino que además él solo con su actuación en la escena final, durante su monólogo desgarrado; nos conmueve dejando un final impactante y emotivo.

¿Es o no justo acabar con la vida de un asesino enfermo? o por el contrario, ¿se le debe ayudar a reintegrarse en la sociedad con una justa condena y una atención sanitaria continua?. 

Lang juega con el espectador, al presentar al asesino como víctima de sí mismo (en realidad víctima del mundo que le ha tocado vivir), cuando en un episodio de lucidez toma consciencia de su impulso homicida incontrolable.

En la película parecen reflexiones muy actuales sobre la ley, la justicia y la venganza; planteándose un debate sobre los criminales reincidentes que, aún a día de hoy, sigue de plena actualidad, en algunos países como EEUU.

Sólo por tratar temas tan transgresores y adelantados a su tiempo, la película merece ser recordada como un gran clásico; como un sobrio y lúcido alegato contra la pena de muerte, y como un claro pronóstico de que el mal no está sólo en los condenados sino que también emana en aquellos que lo condenan.




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Buscando al Señor Goodbar (1977): Todos tenemos una doble vida


Uno de los más lúcidos retratos urbanos femeninos que ha dado el cine en toda su historia. Película muy amarga, dura y nada complaciente.

Theresa Dunn proviene de una familia fuertemente conservadora. En un determinado momento de su vida, comienza a sentir que ya no puede vivir en un hogar tan opresivo, bajo la censuradora mirada de un padre que desaprueba todo aquello que no responda a sus estrictas creencias e ideas. 

Siguiendo el ejemplo de su hermana (mucho más liberal), Theresa decide abandonar la casa de sus padres, pues allí no puede ser ella misma.

Ya convertida en maestra de chicos con problemas auditivos, comienza a vivir una doble vida: mientras que durante el día desempeña dicho cargo, por la noche recorre los bares y clubes nocturnos de la gran ciudad, en una odisea libertina de sexo ocasional y drogas.

Entonces, ¿cuál es la verdadera Theresa: la que por las mañanas enseña con toda paciencia y dedicación a niños sordos, preocupándose por su mejoría y bienestar, o la que durante la noche se entrega al placer y lleva una vida hedonista, superficial y desordenada?

Esplendida película donde una joven mujer camina por los caminos del exceso. En una época de transición donde la mujer lucha por ser algo más. 


Una época donde los hombres ya no jueguen con ellas sino todo lo contrario. Aunque a nadie le gusta que jueguen con él...

Mujeres capaces de llevar la doble vida, pues las personas con gran corazón son también fuego por dentro y a veces necesitan explotar, pues el placer de la carne es universal.

Naturalmente la sociedad puritana de los Estados Unidos estaba en plena decadencia cuando se hizo esta cinta. 

Los jóvenes amaban el rock and roll hedonista, el mestizaje racial estaba tomando una connotación positiva, pasaban olímpicamente del discurso moralista de los padres, y esperaban que su generación fuese mejor que la anterior. Ganas no les faltaban para experimentar.

Esta es una película muy de su tiempo, los 70, pero que aún arrastra muchos de los tics revolucionarios de finales de los 60, y esto es lo peor de la función, cierto aire trasnochado en la realización. Pero a mi juicio es un mal menor.

De ritmo y montaje frenéticos, quizás demasiado abrupta y embarulladamente y con diálogos rápidos y punzantes. 

La cocaína aparece esporádicamente en una película de personajes dislocados y vidas rotas y disolutas, perfecto reflejo de aquella época, con la música disco reinante como BSO constante.

Vista ahora, “Buscando al Sr. Goodbar” es el embrión de diversas películas realizadas después, de marcado contenido feminista. Los hombres son malos, malísimos. 

En esta película están representados todos los clichés negativos del feminismo de género sobre los hombres: mujeriegos, celosos, posesivos, patriarcales…confabulados para impedir el desarrollo del alma femenina de manera, como no, violenta.

Asombrosa Diane Keaton, en el papel más radical y libertino de su carrera; imposible hacerlo mejor. Destacar a un desconocido Richard Gere, en su primer papel importante, tan sobreactuado como fenomenal. 

Finalmente, ¿es reprochable que Theresa lleve una existencia de tales características? Porque mientras desempeñe bien su trabajo, nadie está en posición de criticarle nada. Sin embargo, no tardará en descubrir que su vida privada inevitablemente comenzará a intervenir en su vida pública.

Hacer lo que a uno le de la gana tiene limites, sobretodo en un mundo lleno de personajes que rozan la locura y donde los sentimientos no son más que papel mojado. Si quisiera, Theresa puede abandonar esa vida, poner orden a su existencia. Pero, ¿podrá salirse antes de que sea demasiado tarde?



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