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El Mercader de Venecia (2004): Los problemas del Dinero y el Amor


Adaptación del drama homónimo de William Shakespeare. Indudablemente Shakespeare es el más grande y conocido de los escritores británicos, algo así como Miguel de Cervantes Saavedra para el idioma español, aunque debe reconocerse que la obra del inglés es mucho más prolífica.

Esta obra, nos presenta la difícil situación social de los judíos en la Venecia de 1598, aislados en el gueto y despreciados por una mayoría cristiana, que a la vez los necesitan para mantener la economía local, a través del sistema de préstamos con intereses que ellos mismos, tienen prohibido implementar.

Antonio (Jeremy Irons) acepta dinero prestado de Shylock (Al Pacino) para ayudar a su joven y arruinado amigo Bassanio (Joseph Fiennes) a conquistar la mano de la bella Porcia (Lynn Collins).

Al no devolvérsele el préstamo, Shylock reclama que se le pague de vuelta con una libra de carne del propio Antonio. 

Con desespero, Bassanio trata de evitar este destino reservado a su amigo, pero la ayuda sobreviene de forma milagrosa de alguien inesperado.

La obra encierra una serie de historias entrelazadas y juegos del amor. También muestra el paso de la sociedad feudal a la sociedad burguesa y la creación de los primeros bancos.
La imagen que se ofrece de los judíos es tremenda y negativa. 

En una época donde Venecia era la capital mundial, los judíos estaban recluidos en ghettos sin ningún privilegio, éstos fueron relegados a sobrevivir, a base de prestar su dinero y recobrarlo con impuestos; recibiendo el denigrante adjetivo de usureros.

Shylock es un viejo judío avaro, pero en su interior yace la tristeza de un hombre herido por las marginaciones del racismo.

La película es aceptable y se deja ver. Tiene aspectos muy positivos a destacar. 
La interpretación de Pacino y Jeremy Irons me parece muy buena; la fotografía con las imagenes de Venecia y el vestuario y la ambientación de la época, en general es notable.

Aunque cuente con escenas un poco flojas en intensidad, y un final en cierto modo precipitado (muy típico en obras de teatro de esta época), hay que decir que no decepciona.

Igualmente, los espectadores no acostumbrados a visionar películas “teatrales” por decirlo así, puede que les resulte una obra fría, densa y algo aburrida, al trasladar la forma de expresarse y el idioma de la época.

A pesar de ser una obra de Shakespeare, tras verla, uno puede ver que el mundo no ha cambiado tanto como imagina en cierto modo, y los temas que trata son atemporales.


Y es que al igual que en la novela y la película, hoy en día, también las deudas de una persona pueden acabar con la vida de ella.






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¿Victor o Victoria? (1982): La delicada linea del deseo entre las personas



París, años treinta. Tras el fracaso de una audición en un cabaret, Victoria Grant (Julie Andrews) camina hambrienta y desolada por las calles de la ciudad. Acuciada por el hambre, decide utilizar una estratagema para disfrutar de una suculenta comida sin tener que pagar. 

En el restaurante, conoce a Toddy (Robert Preston), un homosexual que no sólo le ofrece hospitalidad, sino que tiene la brillante idea de convertirla en Víctor. 

Hacer que ella haga creer a todo el mundo que es un joven gay que se viste de mujer para actuar; para convertirlo así en el mejor transformista de todos los tiempos; aunque en realidad sea una mujer.

Divertida y hasta cierto punto entrañable película, la que nos traía Blake Edwards con su mujer en aquel momento, Julie Andrews, a la que muchos criticaban por no tener el suficiente sex appeal, como para interpretar a esta mujer, que se hace pasar por hombre para poder ganarse la vida como cantante.

A mí esta actriz no me apasiona mucho, pero tampoco hay que quitarle méritos y yo sí que creo que cumple bastante bien con lo que este tipo de papel, no tan fácil de interpretar como puede parecer, demanda.

Lo que nadie podrá negar es que la Andrews, junto con Liza Minneli y mi adorada Barbra Streissand, es una de las mejores voces de la pantalla y aquí deja constancia de ello. 

No soy muy amante de los musicales, pero aquí no se abusan de las canciones y las que aparecen no interrumpen el ritmo del argumento en ningún momento.

Un argumento tan enrevesado (una mujer haciéndose pasar por un hombre que finge ser un hombre) podía haber dado lugar a una cinta chabacana y llena de lugares comunes de dudoso gusto. 

Pero esta película la escribe y dirige Blake Edwards, director de "Desayuno con Diamantes" y "Dias de vino y rosas".

Llena de escenas entrañables donde la amistad, el humor, el optimismo, la voluntad y el hambre pueden hacer que tu vida cambie; además "¿Víctor o Victoria?" es pionera en el tratamiento de la homosexualidad en el cine: con total naturalidad y, a la vez, de modo reivindicativo a través de unos diálogos muy acertados.








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Cristal oscuro (1982): Fantasía épica para adultos



Permitiéndome una vez más gustosamente activar mi vertiente nostálgica; diré que en la actualidad, y de un modo deprimente, ya no existe esa magia que inundó esa época dorada, que fueron los ochenta en el campo de la fantasía.

Por razones que resultan inexplicables, ni en los setenta ni en los noventa se ha logrado esa fuerza plena de encanto, ternura, tenebrosidad y misticismo.

Obras en ligas menores como Legend lo han conseguido, así como también grandes filmes de la talla de La Princesa Prometida, Dentro del laberinto o La Historia Interminable. Todas ellas forman un conjunto perdido en el tiempo, como fruto de un milagro que ha encandilado (y encandilará) miles de generaciones.

Siempre me han gustado las creaciones de Jim Henson; su desbordante ingenio y su poderosa imaginación no es algo que abunde en nuestros días.

Este hombre fue un maestro de la creación de mundos de fantasía tiernos, surrealistas y hasta oscursos, para todas las edades. 

Ya se puede buscar y rebuscar en el cine que se hace hoy en día y no se encontrará nada parecido, ni en cuanto a imaginación, ni en cuanto a calidad, y eso que los medios eran entonces mucho más limitados.

Las creaciones de Jim Henson, (y hablo de toda su producción y no sólo de esta película) han recorrido medio mundo y forman parte de la infancia más feliz de varias generaciones.

 “Cristal Oscuro”, está compuesta por completo por marionetas, animatronics y con un escenario completamente móvil y lleno de vida, algo totalmente novedoso en su época; Jim Henson y Fran Oz tardaron cinco años en crear esta maravilla.

Encontramos una aventura ambientada en un mundo totalmente imaginado, repleta de un rico universo de seres fantásticos, donde reina una concepción minimalista de la eterna lucha entre el Bien y el Mal.

En este caso con dos razas al borde de la extinción, los “Sabios Místicos” y los malignos “Skekses”, que son una división de una raza mucho más antigua, los “Urskeks”.

Ambas razas son los polos opuestos de los “Urskeks” y se interconectan entre sí debido a un cristal mágico que antes les unía y que ahora está incompleto. 

Una antigua profecía cuenta que un pequeño ser, un Gelflin, será el elegido para completar el cristal y llevar así la paz y el Bien al mundo.

El mundo que se nos pone delante es completamente creíble y uno olvida, que lo que está viendo son marionetas desde el principio hasta el final. 

Resulta muy fresco ver una película hecha así, estando como estamos inmersos en la era de los incontanbles efectos por ordenador y 3D.

Sin embargo, encuentro dos puntos flojos que hacen que esta cinta para mi haya sido interesante y entretenida únicamente, y solo le de el aprobado raspado.

Lo primero es que el guión está contado de una forma un poco enrevesada, hay detalles que quedan poco claros y en ocasiones uno se pierde un poco, lo que puede llegar incluso a aburrir por momentos.

Y lo segundo y lo más importante para mi, es que la acción transcurre demasiado lenta, cosa que también puede llegar a resultar aburrida, según el espectador.

Un monumento a la imaginación, demostrando que por muy grande que uno sea y por muchos años que pasen; la fantasía y la épica pueden durar para siempre en el corazón de una persona.

Una rareza para descubrir, quién no haya tenido la oportunidad de haberlo hecho ya.







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Sola en la oscuridad (1967): Peligro entre tinieblas



El fotógrafo Sam Hendrix conoce en un avión a una modelo. La joven lleva consigo una muñeca llena de droga y la cambia por una muñeca de regalo que lleva Sam sin que éste se dé cuenta.

Más tarde, en Greenwich Village, dos delincuentes que tratan de recuperar la droga se encuentran en el apartamento del fotógrafo con Roat (Alan Arkin), un despiadado criminal que ha asesinado a la modelo porque intentaba traicionarlo. 
Su conversación se ve interrumpida por la llegada de Susy (Audrey Hepburn), la esposa de Sam, que es ciega.

Interesante historia con un guión que podría haber sido firmado por el mismísimo Hitchcock, porque se desarrolla, casi en su totalidad en un pequeño apartamento de Nueva York, y tiene 5-6 personajes y una trama muy sencilla.

La diferencia está, claro es, en la trama en sí: el malo, malísimo, intenta recuperar una muñeca con droga (para los ojos de esta época, en mi opinión, se ve una cantidad de droga muy ridícula para tanta historia), que tiene, circunstancialmente, la mujer ciega de un fotógrafo que se ha ido de viaje.

Suzy es un personaje astuto, a pesar de su discapacidad visual. Ella aprovechará sus otros sentidos, para desatarse en las situaciones que se le presentan, y conseguirá engañar en varias ocasiones a sus atacantes.

Siendo Audrey Hepburn una de las actrices más reconocidas en la historia del cine, no se puede esperar menos que una actuación espléndida. Sorprende gratamente la capacidad de deducción de su personaje, que presenta un sexto sentido a la hora de obtener información a través de los aromas, sonidos, las conversaciones y la intuición propia.

Con respecto al resto de actuaciones, Richard Crenna está irreprochable en su labor y Alan Arkin frío y destacable en su tarea. El resto de secundarios están simplemente correctos y no restan calidad a la película.

Como curiosidad, decir que la historia está basada en la obra de teatro homónima de Frederick Kont, autor de "Crimen perfecto" y otros éxitos policíacos.

En la original representación teatral de ‘Sola en la oscuridad’: en el momento de mayor tensión, apagaron las luces de toda la sala y los espectadores se quedaron completamente a oscuras. 

El director Terence Young ,volvió a repetir para la gran pantalla este mismo experimento. Y le funcionó a la perfección.


Una pequeña gran película que logra camuflar bastante bien el origen teatral de su argumento, manteniendo estupendamente la tensión en el ánimo del espectador, que quiera degustar una producción tan asfixiante como bien elaborada.





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El Quinteto de la Muerte (1955): La anciana de la muerte



En una casa aislada y próxima a las vías del tren vive la señora Wilberforce, una venerable anciana que alquila dos habitaciones al misterioso profesor Marcus y a los cuatro miembros de su siniestra banda de música.

Conseguir que una comedia funcione a la perfección, y que el mecanismo por el que eso sucede no se note en pantalla, es algo a lo que cualquier director debe aspirar.

Puede haber muchos gags y situaciones brillantes, pero que esa suma de momentos aislados den como resultado una obra redonda, en la que todo fluye sin aparente esfuerzo, es algo que muy pocas veces se consigue.

Todo esto que comento en el párrafo anterior se cumple a la perfección en El quinteto de muerte, deliciosa comedia, con toques muy negros, que funciona de manera precisa y brillante, ofreciendo elevadas dosis de originalidad y un acabado visual impecable.

La historia de "El quinteto de la muerte", tiene como protagonista a una entrañable anciana, de modélicos modales, que vive en una peculiar casa con vistas a las vías del tren. 

Allí recibe la visita de un extraño caballero que busca alquilar una habitación donde vivir y, además, poder ensayar con su  quinteto de música. 

La anciana le acoge en su casa, encantada con la posibilidad de escuchar los ensayos.

La intención de este hombre y su quinteto de música es bien distinta, ya que su idea es cometer un robo por todo lo alto, en el que la ancianita tendrá un papel importante sin ella saberlo.

A partir de ese momento, la sucesión de equívocos provocarán un desarrollo de los acontecimientos realmente desternillante, donde los ladrones se darán cuenta, que su mayor problema no será hacerse con el dinero, sino soportar a la “tierna” anciana.

Esta sucesión de situaciones cómicas, con algún grado de tensión incluido, desembocan en un final más negro que el carbón, como el transportan esos vagones que tanto protagonismo, adquieren al final de la película.

Es evidente la maestría del “casting” en la configuración física de los cinco esperpénticos ladrones, con escenas que definen claramente su personalidad:

Marcus (Guinness) es hipócrita y vehemente, de mirada ratonil y gestos expresionistas; Louis (Herbert Lom), es el más caricaturesco de todos en su indisimulada maldad, vestido como un gánster de Chicago, incapaz de mantener en la postura correcta, el violín que le ha tocado en suerte.

Después tenemos a Lawson (Danny Green), que simula ser contrabajista dada su corpulencia, la misma que le convierte en un gigantón entrañable y algo corto de luces; Harry Robinson (Peter Sellers) es el menudo y amable del grupo, el más cómico y convincente. 

Por último, el mayor Courtney (Cecil Parker) resulta en cambio el más asustadizo y el más incrédulo en cuanto al golpe.


Una comedia británica original y corrosiva, que sabe sacar partido a situaciones cruentas, para convertirlas en humor chispeante.







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Gente Corriente (1980): Dramas familiares de gente normal



Conrad acaba de salir del hospital después de haber intentado suicidarse a raíz de la muerte de su hermano en un accidente. Mantiene una relación muy tensa con su madre y vive atormentado por sentimientos de culpa.

Aunque visita todas las semanas a un psiquiatra, no se siente a gusto hasta que conoce a una compañera del coro y empiezan a salir juntos.

Ordinary people", primera película dirigida por Robert Redford (con una no muy extensa, pero interesante filmografía), está basada en la novela del mismo título de la psicóloga estadounidense Judith Guest.

La autora, que había tenido en su despacho a un buen número de adolescentes, sintió que las crisis familiares que suelen darse entre estos y sus padres, daban para unas interesantes historias.

Podemos discutir si era la mejor película del año, pero de lo que no tengo dudas es que estamos ante un muy buen film.

Yendo formalmente a contracorriente del cine de la época, por su ritmo soegado, y sin aspavientos, consigue conectar con las únicas herramientas de la palabra y los silencios.

Las actuaciones son un punto a favor, Timothy Hutton en una composición magistral, dando vida al personaje más acomplejado por la desgracia, en parte por sentirse culpable, y por otro lado por la etapa de su vida en que se produce esta pérdida. Merecido su Oscar como mejor actor de reparto.

Mary Tyler Moore y Donald Sutherland consiguen hacer creíble cada escena del filme, y aportan la cuota de experiencia para darle a la cinta el toque aplomado y sobrio necesario para este tipo de filmes.

Me gustó mucho cómo están retratados cada uno de los personajes, muy bien caracterizados, interactúan en un argumento solvente y sólido desde el aspecto lógico.

La mayor virtud de la cinta es que es realista. Es el retrato de una familia que se cae a pedazos fruto de una tragedia pasada, y de un joven que no consigue salir de la depresión en la que se encuentra sumido, víctima de su propio hundimiento, culpa y desolación.

Lleno de dudas y desesperación, Conrad sufre, como sufre su padre, su madre, su amiga, y como todo el mundo. 

Porque ellos, con su tragedia, y a pesar de todo, no son más que eso, gente corriente.

Gente corriente de clase media-alta, que llena sus vacías vidas con lujos y caprichos (teatros, fiestas) que no palian la pena que sienten en el fondo.

Película muy recomendable y de visión obligada para entender un poco de las relaciones familiares, pues en toda familia se esconden dramas a la luz del día o a puertas cerradas.


Puede que después de verla, echemos una ojeada a nuestra propia familia y nuestros pequeños dramas.





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Pena de Muerte (1995): ¿Hasta qué punto se debe perdonar?


Matthew Poncelet (Sean Penn), un hombre condenado a la pena capital por el asesinato de dos adolescentes, reclama desde la prisión la ayuda de la hermana Helen Prejean (Susan Sarandon).

Durante la semana anterior a la ejecución, Helen intentará que Matthew consiga la absolución y la paz espiritual. Sin embargo, a la hermana Helen no sólo le angustia la espantosa agonía del condenado, sino también el dolor de las familias de las víctimas.

El actor Tim Robbins dirige y escribe esta película basada en un hecho real, que consta en el libro autobiográfico de la hermana Helen Prejean, en el que plasma sus vivencias y experiencias sobre la pena capital.

Este drama, nos pone a reflexionar sobre las conductas humanas y a la vez nos inserta en diversas cuestiones socio culturales. No es una cinta fácil, puesto que trata uno de los temas más controvertidos y discutidos de nuestro tiempo; la pena de muerte.

Tim Robbins tiene una ideología clara que no se molesta en ocultar, pero en esta película no juzga a ninguno de los personajes.

Por eso, no estoy para nada de acuerdo con los que dicen que la película peca de ser parcial; creo que deja que el espectador saque sus propias conclusiones, a través de diferentes puntos de vista; el del acusado, de su propia familia o de las víctimas. 

Que la película intente mostrarte que la pena de muerte está "bien" o "mal", eso ya lo decide el espectador.

La intención de Tim Robbins es mostrar a dos seres humanos distintos, en una situación en que se pondrán en juego sus valores.

Susan Sarandon interpreta de forma magistral, en uno de sus mejores papeles a una mujer valiente, luchadora, bondadosa y comprometida con la "inocencia" del presunto asesino. 

Es esa valentía lo que puede hacer llevarnos a pensar que estemos ante un personaje controvertido. ¿Debe la monja involucrarse tanto con un ser miserable?

Por otro lado el personaje magnificamente perfilado e interpretado por Penn nos deja otra reflexión. Y es, que toda persona tiene su lado más humano, hasta cualquier ser despreciable tiene sus momentos de arrepentimiento, al menos eso nos deja ver Robbins con su acertada dirección.


Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, vestuarios y narrativa que hacen de Pena de muerte, uno de esos films que impactan al público, independientemente de si están a favor o no, de la pena capital.






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Ghost in the Shell (1995): ¿Cuando un humano deja de serlo?


Un filme de animación dirigido por el cineasta japonés Mamoru Oshii, y recogido directamente de un manga homónimo de Masamune Shirow.

Estamos hablando de su película más reconocida internacionalmente y, además, de uno de los animes más laureados y queridos en Japón, un país donde el género steampunk y las obras de ciencia ficción en general pegaron muy fuerte hace unas décadas, sobre todo en lo que al anime respecta.

Ghost in the Shell tiene el privilegio de ser, para idiosincrasia japonesa, una de las mejores películas de animación que se hayan filmado jamás allí, título que comparte con Akira (1988). Hablar de esta película, es hablar de una de las obras cumbres de la animación,del cyberpunk y la ciencia ficción.

A grandes rasgos, nos encontramos aquí con un mundo, donde la frontera entre humanos y robots es casi nula.

Una sociedad compuesta por humanos “naturales” (con nulos o casi nulos cambios), robots y los cyborgs (combinación de ambos).

De pronto aparece un misterioso personaje llamado el Maestro de Marionetas, que se dedica a hackear “almas” (espíritus, fantasmas, mentes…) con intenciones cyberterroristas, aunque en realidad, nadie sabe muy bien qué es lo que busca.

La sección 9, un cuerpo especial de seguridad formado por humanos modificados (para entendernos: cyborgs) se encargará de investigar al terrorista y detenerlo.

El argumento como vemos, es tan llamativo como difícil de digerir; resulta fascinante por sus inquietudes y planteamientos metafísicos sobre la conciencia y el espíritu humano, que llevan a formularse interrogantes como si es posible emularlos, (y de serlo, implantarlos en cyborgs). Todo indica que en el futuro en que se desarrolla la película, el año 2029, sí lo será.

La temática en torno a la inteligencia artificial, quizá no sea por completo original (ya hay más de una película que trata el tema), pero aporta seriedad y cierto mensaje sobre el devenir robótico del Hombre.

En este sentido, es plenamente vigente a pesar de los más de veinte años transcurridos y de hecho la inundación tecnológica que aquí se prevé ha resultado completamente cierta.

La película no es llevadera ni fácil de ver, precisamente. 

Conviene estar bien despierto, y preferiblemente, sin interrupciones, hasta el punto en el que la historia se te sujete y no puedas soltarte.

La riqueza del film en las ideas que aborda, lo hace de inmediato digna de ser considerada de culto. Y no es de extrañarse que se consolidara como un estandarte dentro de la ciencia ficción.

Si al espectador le gusta la ciencia-ficción introspectiva y ambigua (más de leer entre líneas que de dejar las cosas claras) le fascinará esta historia.

Es difícil explicar cómo es Ghost in the Shell como película, sin entrar en cuestiones filosóficas. Ya que la potencia de la película es precisamente su capacidad, para hacer que el espectador se plantee la pregunta más simple dentro de la trama, pero también la más difícil de responder: ¿cuándo un humano deja de serlo?








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Salvar al soldado Ryan (1998): La crueldad de la guerra



Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Tras el desembarco de los Aliados en Normandía, a un grupo de soldados americanos se le encomienda una peligrosa misión: poner a salvo al soldado James Ryan.

Los hombres de la patrulla del capitán John Miller deben arriesgar sus vidas para encontrar a este soldado, cuyos tres hermanos han muerto en la guerra. Lo único que se sabe del soldado Ryan es que se lanzó con su escuadrón de paracaidistas detrás de las líneas enemigas.

La Segunda Guerra Mundial, es una época de nuestra historia, que ha generado muchas relatos que contar. 

Sobre todo historias, que son adornadas con un heroísmo y entrega, que no vemos tan asiduamente en otras guerras.

Los soldados debían luchar donde se les enviara, con la certeza de que podrían morir en cualquier frente de batalla. Es como si la gente en aquella época estuviera hecha de otra pasta y eso lo aceptemos de forma natural.

Poco se puede decir ya de Spielberg y poco se puede decir de esta auténtica obra maestra, y es que nunca hasta entonces, y todavía a día de hoy, se ha dirigido de una manera tan nítida y transparente el mundo de la guerra.

La muerte, la destrucción, la barbarie y la mutilación son representadas de una manera espectacular y cercana, fascinando e incomodando a partes iguales.

Steven Spielberg no escatima recursos para mostrarnos lo duro que fue esta guerra; como hizo sufrir a los soldados física y psicológicamente. Un fragmento de la película espectacular y que no deja indiferente a nadie.

Pero no todo son combates sanguinarios; la duda moral que plantea la misión principal, planea entre los integrantes del grupo. Dando así oportunidad para construir mayor dramatismo y generar incertidumbre; que el director sabe explotar muy bien a su favor.

Para mí, lo más importante que plantea esta película es el término de "rentabilidad humana" en una guerra; lo explica el capitán Miller (Tom Hanks). 

En una guerra, la muerte de un soldado tiene que servir para salvar y asegurar la vida de varios soldados, y para que la compañía o el ejército tome el dominio de una posición e incluso ganar cierta batalla y la guerra finalmente. Ese es el coste de la inversión en una guerra.

En esta película ocurre todo lo contrario. Varios soldados tienen que arriesgar su vida para salvar sólo a uno. 

Es una situación excepcional casi impensable en una guerra, pero al parecer ocurrió de verdad puesto que la historia, se basa en un hecho real.

La interpretación de Tom Hanks es excelente. Merecía la nominación al Oscar, incluso teniendo en cuenta quien la ganó, no hubiese estado de más concedérselo a él.
Aun siendo el claro protagonista, tampoco ensombrece el trabajo de los demás actores que le siguen.

Como la mayoría de las cintas de Spielberg, el sentido del espectáculo está muy logrado; quizás el argumento sea demasiado rebuscado y haya un exceso de sentimentalismo; algo habitual en muchas de sus películas.

Aunque en definitiva, si se desea ver una película bélica moderna, esta para mí es un gran ejemplo de ello.








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Titanic (1997): El naufragio más famoso de la historia



Jack (DiCaprio), un joven artista, gana en una partida de cartas un pasaje para viajar a América en el Titanic, el transatlántico más grande y seguro jamás construido.

A bordo conoce a Rose (Kate Winslet), una joven de una buena familia venida a menos que va a contraer un matrimonio de conveniencia con Cal (Billy Zane), un millonario engreído a quien sólo interesa el prestigioso apellido de su prometida. 

Sin ninguna duda, es una de las películas que más éxito cultivo en la década de los años noventa, un éxito cinematográfico que logro 11 premios Oscars y una cantidad muy elevada de seguidores fieles, que no dejan de verla cada vez que pueden.

Por otro lado James Cameron no dejo lugar a dudas, ya que con el elevado presupuesto que manejaba (construyo un barco real para el rodaje), logro hacer un producto altamente rentable.

Muchas son las voces a favor, pero no todo iban a ser críticas favorables, todo lo contrario, muchas son las voces que opinan en contra, argumentando que es una historia de amor irreal, demasiado trágico.

Pero lo mejor para poder disfrutarla, es abstraerse de las criticas tanto buenas como malas y lograr obtener una conclusión personal.

A pesar de ser sumamente comercial, la película tiene grandes aspectos que le dan mucho mérito. 

Muy bien hecha, producida y dirigida. Buenas actuaciones, buena banda sonora, buenos efectos: un gran producto.

En el reparto se situaría mi único “pero”. Kate Winslet está magnifica, pasando de la contención exigida a una dama de esa época a la luchadora infatigable de la parte final.

Sin embargo, DiCaprio... Es cierto que enamora, que su presencia en la pantalla llena; pero cuesta llegar a ver en ese “ángel” a un duro chico de la calle; creo que sería mejor un actor con una pinta más golfa (siempre pensé en Brad Pitt).

Los demás secundarios, excelentes en cada una de sus interpretaciones y asombrosamente parecidos, a los personajes reales que existieron. Esa es otra de las virtudes, la reconstrucción fidedigna, extremadamente documentada.

Lo más meritorio es haber rescatado del fondo del mar la conmovedora historia de este naufragio, que aunque ya había sido abordado anteriormente por el cine; para las nuevas generaciones, esta es su primera exposición ante el hundimiento del famoso Titanic.

La trama basada en hechos y testimonios de los sobrevivientes. 

Relata los grandes errores cometidos por la tripulación que conllevaron en el desastre. 

Todo esto complementado con la ficticia historia de amor entre Jack Dawson y Rose Dewitt Bukater, la cual es intensa y apasionante.

El acierto de Cameron está en entrelazar ambas historias, permitiendo ofrecer al público, mucho más que una simple historia de amor sin más.

Esto le lleva a manejar dos películas a un tiempo que se funden como una sola, en un equilibrio perfecto.


Atrapa de principio a fin. Conmovedora e impactante, para visionar más de una vez.






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Un dia de furia (1993): Un mal día lo tiene cualquiera



En Los Ángeles, durante una jornada especialmente agobiante a causa del calor y del colapso del tráfico, de repente, un ciudadano normal se rebela de manera violenta y destructiva contra todo lo que lo rodea.

Bill Foster (Michael Douglas) no es más que un hombre corriente que supera como puede las frustraciones de cada día y que lo único que quiere es regresar a casa.

Profunda y dura crítica al "sueño americano" por dejar al descubierto su parte más amarga y oscura: la de aquellos que fracasan en el intento por alcanzarlo y van comprobando irremediablemente como sus vidas (y hasta su salud mental) se van derrumbando, hasta quedarse como parias en tierra de nadie, como proscritos en el limbo de los apestados del sistema.

Honestamente no esperaba tanto de esta película, pero tiene algo que no sé que es, tal vez esa necesidad que de pronto tenemos, de hacer la justicia por propia mano.

Se nos reflejan las consecuencias de las vidas estresantes hasta la pérdida del control, contada con total sarcasmo, con un estilo tan surrealista que impresiona, llegando a ser una película obscena, explícita y patológica.

Michael Douglas, un actor que no despierta mi devoción, precisamente, aquí hace uno de sus mejores papeles metiéndose en la piel de un inadaptado social con problemas laborales, familiares y, sobre todo, de identidad y autoestima.

Existe un placer secreto en que otra persona canalice todas las frustraciones de la sociedad. Muchos cómicos lo hacen. En la película esto se lleva al extremo, para un mayor impacto dramático. 

El protagonista no es un sociópata, pero ha cruzado la línea, y se ha situado al margen de cualquier autoridad o norma de convivencia.

Obviamente no es un ejemplo a seguir, y ese es el mensaje de la película, pero todos nos hacemos cómplices suyos, pues nos identificamos con las cosas que le pasan en la vida diaria y estresante de las grandes ciudades.

En el otro extremo, un Robert Duvall igualmente afortunado, da vida a un veterano sargento de policía en las horas previas al retiro, cuya vida marital tampoco puede decirse que sea modélica.


No es una obra maestra, pero si que al menos permite reflexionar sobre ciertas injusticias que existen en la sociedad actual y que admitimos como "corderitos". 

La película se deja ver pero tiene un final demasiado esperado que te deja la idea final de que siempre continuarán todas las cosas como están y los que se revelan contra el sistema, no tienen nada que hacer pues ni el sistema ni los ciudadanos que lo componemos, vamos a apoyarles.





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