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La Pequeña (1978): La pequeña prostituta



En 1917, en Nueva Orleans, Madame Nell (Frances Faye) consigue darle “caché” a su burdel, y solo políticos, militares y gente de clase, consiguen visitarlo.

Acoge a una decena de prostitutas, que trabajan y viven en ella, en compañía de sus hijos e hijas menores de edad. Allí se encuentra Hildegard Marr, "Hattie" (Susan Sarandon), y su hija de 12 años, Violet (Brooke Shields). 

Hattie permite, sin pudor alguno, que ella vea, observe y vaya aprehendiendo la realidad que, un día no muy lejano, le tocará vivir.
Un fotógrafo, aficionado a las instantáneas femeninas, traba amistad con Hattie y siente especial simpatía por Violet.

La Pequeña supuso el debut en el cine de una jovencísima Brooke Shields, que a sus doce años interpretó a una prostituta infantil, en esta polémica cinta del director francés Lois Malle.

Creo que merece la pena ver la película aunque, en efecto, pueda resultar incómoda y morbosa para los puritanos y personas biempensantes, conocer la historia  de esa niña que vive en un burdel sureño junto con su madre prostituta (al invisible padre apenas se le menciona) y sus compañeras de oficio; y que no puede, de ningún modo, escapar a su destino.

La visión de los hechos corresponde a la de Violet, una niña preadeolescente, inocente e ingenua, que ha nacido en la casa y en ella ha vivido siempre, sin ir a la escuela y sin recibir ningún tipo de formación. Es analfabeta y sólo ha aprendido las artes de atraer la atención de los hombres y de agradarles.

La falta de afecto que padece, la suple con su cariño por los animales (el gato, la rata, el perro, el jilguero), la primera muñeca, que recibe a los 12 años.

Su infancia se ve rota súbitamente, con maltrato y abusos sádicos, que quedan fuera de pantalla, pero se revelan a través de su postura e inmovilidad en la cama, la salida precipitada y descompuesta del cliente y el reproche que ella dirige a las chicas.

Brooke Shields impresiona como Violet, la amorosa pequeña que vive su vida al revés, conociendo primero el uso y el abuso, para poder luego acceder a una muñeca, a un trato digno y a una vida con mejores oportunidades.

La madre de la niña, una estupenda y creíble Susan Sarandon, ve normal que su hija siga su camino, al igual que toda la familia que forma el burdel y que constituye la vida cotidiana y "normal" de la niña.

En el 78 esta película fue un escándalo por el tema que trataba (prostitución de una menor), y por una escena de unos segundos en los que Brooke sale totalmente desnuda.

Escándalo aparte, la película retrata la prostitución en un burdel de principios del siglo XX. 

Una prostitución donde las prostitutas son libres de irse o quedarse, donde los clientes visten de traje y chaqueta y donde la mayoría son empresarios y políticos de éxito.

No digo que no sea una visión edulcorada, pero también estoy seguro de que no tenía nada que ver con la trata de blancas y las mafias explotadoras de hoy en día, donde las chicas son auténticas esclavas.

En contra de lo que parece, hay cierto humor en esta película, incluso en los momentos mas duros y delicados. Es una historia hecha a través de pequeños detalles, gestos e insinuaciones. Una película que, aunque olvidada, merece la pena verse, más allá del morbo que pueda suscitar.







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Aeropuerto (1970): El Origen cinéfilo de las catástrofes aéreas




Un temporal de nieve azota Chicago, dificultando el intenso tráfico de su aeropuerto. A pesar de las malas condiciones meteorológicas, el aeropuerto consigue permanecer abierto; pero entre los aviones que despegan, causa una gran alarma el que vuela con destino a Roma, porque, entre los pasajeros, hay un polizonte y un hombre con un maletín sospechoso. 

Corrían los años 70 y en el cine comenzó a resurgir un nuevo género cinematográfico llamado "género de catástrofes".
 
Buena prueba de ello son las notables "El coloso en llamas", "Terremoto", o esta entrega de "Aeropuerto", que conocería varias entregas más con el mismo nombre y diversos años, años en los que estaban realizadas como "Aeropuerto 75", (1975), o "Aeropuerto 80", (1979).

Como suele suceder, las primeras partes son siempre las mejores, y "Aeropuerto" no fue una excepción.

La película mantiene en tensión desde el comienzo al espectador presentándonos una situación que involucra a un centenar de personas. 

Todos los personajes, tanto los que están fuera como dentro del avión, sufrirán momentos de angustia para intentar solucionar un problema de extrema gravedad.

Además de centrarse en el suspense que genera un atentado suicida dentro de un avión de pasajeros repleto, la película nos sumerge en las vidas sentimentales de algunos personajes principales derivando en algunas sub-tramas afectivas que bien valen la pena ser consideradas y reflexionadas. 

Como película catastrofista cumple y poco más, pero consigue lo más importante en una película, mantenerte en vilo hasta el final. 

Aunque las dosis de adrenalina no lleguen al nivel que podría, pero también te hacen el visionado más agradable.

El reparto está muy bien, encabezado por Burt Lancaster; Van Heflin haciendo de loco, las bellezas de Jacqueline Bisset y Jean Seberg, George Kennedy haciendo su papel y Dean Martin (actor poco creíble) cumpliendo con seriedad.

Pero más allá del argumento, que daría, como he dicho antes, para una saga, lo que me ha quedado a mí es una anécdota. 

Eso sí, seguro que durante aquella época, no niego que la película fuera un auténtico fenómeno de masas, y que a mucha gente se le quitarían las ganas, de montar en avión durante un tiempo.





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Lolita (1962): El mayor y la menor



Humbert Humbert, un profesor cuarentón, llega a Ramsdale (New Hampshire) y alquila una habitación en casa de la viuda Charlotte Haze que tiene una hija de once años. Humbert se enamora perdidamente de la chiquilla y concibe un perverso plan: casarse con la madre para poder estar siempre cerca de la irresistible Lolita... Adaptación de la novela homónima de Vladimir Nabokov. 

Sexto film del genial Stanley Kubrick, una agria radiografía sobre la obsesión sexual pederasta, un amor intergeneracional que le sirve de excusa para criticar la hipocresía social y el abuso de poder.

Temas recurrentes en el director, aunque con el inconveniente de que no se muestra un solo detalle de esta escabrosa relación, Stanley se debe ceñir a imágenes alegóricas, aún así el director tuvo graves problemas con la censura.

Kubrick arremete contra la burguesía, contra una sociedad hipócrita, como detrás de personas elegantes, sofisticadas y cultas se esconden los más bajos instintos.

Reflejados aquí en la obsesión sexual por una jovencita, la pederastia, los celos patológicos, y lo hace cogiendo como cabeza de turco a un culto protagonista, un retorcido ser que Kubrick lo arrastra hasta el límite.

Stanley Kubrick era un genio en lo suyo, en hacer grandes películas que tardaba en rodar mucho tiempo, con el mejor equipo y con el menor presupuesto, y en esas películas además, daba lecciones morales.

Para el papel del profesor, James Mason que compone al perturbado profesor de modo magnífico, de voz aterciopelada, elegante, inteligente, flemático.

Esto al inicio, pero que sabe emitir esa angustiosa travesía hacia la obsesión, su evolución nos llega nítida, su pasión incontrolada por la ninfa, con una economía gestual prodigiosa.
En el otro lado del ring está un Peter Sellers fuera de lugar, me es un personaje metido con calzador.

Deja patente su carisma en cada intervención, como suele ser en él, pero a veces me da la impresión, que no me encaja en este film.

Shelley Winters encarna de forma espléndida a la viuda con ansias de sexo, sabe traslucir que el refinamiento y elegancia en una pose, tras lo que se esconde una mujer ordinaria, excelente.

Sue Lyon no me llega, se me queda escasa su transmisión de bomba sexual, no la veo como una dulce ninfa, la veo mayor para la edad que quiere dar, resta veracidad.

No me llega, no se eleva la temperatura con su presencia y le falta química con James Mason.

Clásico del cine dramático, excepcional obra maestra del siempre prolífico Stanley Kubrick. Lolita es la historia enfermiza de tres personas, dos hombres y una joven criatura, que se encarga de volver loca a todo hombre que le rodea.

Es la arriesgada historia que cuenta Kubrick, una historia en donde no se ve nada en absoluto pero en donde la imaginación y perversión del hombre se encarga de realizar su tarea, así somos.

Lolita retrata a una sociedad obsesionada por el sexo. ¿Es enfermizo desear a una criatura joven?, eso es lo que plantea Kubrick. En la película desde luego, no se sabe quien es el más perverso, si la niña o los adultos.





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Conspiración de Silencio (1955): Alegato contra el racismo


En 1945, un hombre con un solo brazo llega al desolado pueblo de Black Rock. Es John MacReedy (Spencer Tracy) y busca a Joe Komaco, un granjero japonés cuyo hijo le salvó la vida durante la guerra.

El comportamiento de los vecinos es extrañamente hostil y grosero, y las preguntas de MacReedy sobre Komaco no reciben respuesta. 

Es evidente que ocultan algo, lo que despierta la curiosidad del forastero, que no está dispuesto a irse antes de descubrirlo.
Dentro de la filmografía del director John Sturges (“Los siete magníficos”, 1960) y en la carrera del bueno de Spencer Tracy, figura, en lugar destacado, esta “Conspiración de silencio”.

Una película llena de intriga, agradable sabor a western, personajes con una personalidad muy bien marcada, y una duración tan breve que hace que la cinta se nos pase en un soplido.

No es fácil retratar la América profunda, esa América rural, alejada de todo y de todos, con silencios impuestos y con historias ocultas. 

Pero no cabe la menor duda, de que gran parte del mérito de la cinta radica, en abordar un tema relativamente desconocido como fue la segregación y depuración.

Impuesta a los japoneses residentes en EE.UU. tras el ataque a Pearl Harbour, y el inicio de la II Guerra Mundial.

La historia puede parecer algo sencilla, ya que se lleva a cabo en un periodo cercano a 24 horas o un poco más. En ese tiempo John Sturges montará un trabajo sobrio, serio y bien estructurado. Un pueblo casi fantasma, 10 casas a lo sumo. Donde la última vez que paró el Expresso fue hace casi 4 años. Pocos habitantes, algo normal dado el número de viviendas.

Pero algo resulta extremadamente llamativo. Cuando John MacReedey se baja del tren, atrae no solo la atención de todos ellos, sino un odio inexplicable hacia su persona. 

El espectador se comerá el coco durante buen rato, intentará descubrir que motivo lleva a estas personas a provocar al recién llegado, sin causa alguna.

Mensaje antirracista aparte, el film se estrenó en uno de los momentos más difíciles que pasaba el mundo artístico en Hollywood con la famosa “Caza de Brujas”, que había iniciado el Senador Joseph MacCarthy.

Este proceso, llevó a juicio a cineastas, guionistas o incluso actores a sus comisionados de investigación sobre Actividades Antiamericanas.

Magistralmente caracterizados por el director, todos los actores resultan memorables en sus interpretaciones, singularmente Spencer Tracy -el elemento extraño que perturba la aparente calma del taciturno pueblo- y Robert Ryan, el líder racista de un grupo de descerebrados "patriotas".

Y a tener en cuenta el paisaje, desértico, montañoso, abrasador, que oprime a esos personajes y no les deja otra opción que un asumido aislamiento y un rechazo brutal a cualquier intento de cambio.

Con algo más de profundización habría pasado a la historia del cine como obra maestra, pero a nadie se le oculta que es esta una grandísima película.



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